El Cuervo Blanco
Desde el campanario, el Cuervo Blanco escuchó a Lupita Cuautle anunciar semanas tormentosas, persecuciones y una ofensiva disfrazada de legalidad. La alcaldesa no dio nombres, pero dejó varios destinatarios. Y, en medio de tantas palabras, una ausencia terminó apoderándose de la plaza: la de Edmundo “Mundo” Tlatehui.
El Cuervo Blanco llegó antes que el discurso.
Se acomodó sobre una cornisa del campanario, clavó las uñas en la piedra y contempló la plaza. Abajo estaban el templete, las sillas, los funcionarios y los teléfonos preparados para grabar.
Entonces sonaron las campanas.
Cada golpe de bronce cayó sobre las palabras de Lupita Cuautle, obligándola a levantar la voz. Habló de amenazas que pronto cobrarían vida, de odio político, de instituciones utilizadas para doblegar a su gobierno y de una “torcida legalidad” con la que pretenderían apropiarse de San Andrés Cholula.
El Cuervo inclinó la cabeza.
Había escuchado discursos de guerra, pero nunca había visto al enemigo esconderse tan bien dentro de un pronombre.
“Ellos”, dijo la presidenta.
Ellos acechan.
Ellos amenazan.
Ellos quieren apropiarse del municipio.
Pero nunca dijo quiénes eran.
Y detrás del repique de las campanas, el Cuervo creyó escuchar los primeros cañones.
Te lo digo, Juan…
Los pájaros viejos saben que, en política, pocas palabras viajan en línea recta.
A veces se pronuncia un nombre para que otro reciba el mensaje. O se omiten todos para que cada adversario se sienta aludido.
Te lo digo, Juan, para que lo entiendas, Pedro.
Juan podría ser el gobierno estatal.
Pedro, la Auditoría Superior del Estado.
O quizá Juan sea José Luis García Parra, quien desde febrero anticipó que el grupo político de San Andrés alegaría persecución cuando avanzaran las auditorías relacionadas con la administración anterior.
El diálogo indirecto estaba servido:
—Ustedes gritarán persecución cuando lleguen las observaciones.
—Y ustedes utilizarán una torcida legalidad para perseguirnos.
El expediente todavía no terminaba de hablar, pero los políticos ya habían redactado sus sentencias.
Para unos, cualquier observación probará corrupción.
Para otros, cualquier procedimiento confirmará la persecución.
Aunque “ellos” también podrían estar dentro del PAN: los grupos que miran San Andrés como una plaza demasiado valiosa para dejarla en manos de una sola familia política.
El enemigo sin nombre tiene esa ventaja: puede cambiar de rostro sin necesidad de cambiar el discurso.
La silla que nadie colocó
Desde el campanario, el Cuervo Blanco recorrió la plaza con la mirada.
Lupita habló de su gobierno, del pueblo, de la oposición, de la pluralidad, de la historia y hasta del destino de San Andrés.
Habló prácticamente de todos.
Menos de Mundo.
No había una silla reservada para Edmundo Tlatehui. Sin embargo, su ausencia parecía ocupar el centro de la escena.
La propia administración municipal presentó el gobierno de Lupita Cuautle como la “legítima continuidad” del proyecto iniciado por su esposo.
La continuidad es una palabra agradable cuando permite presumir obras, estructuras y resultados. Se vuelve menos poética cuando aparecen auditores solicitando contratos, inventarios, entregables y actas de recepción.
La Auditoría Superior de la Federación determinó aproximadamente 10.59 millones de pesos pendientes de aclaración en la muestra revisada de recursos federales de 2024. El informe oficial refiere dos pliegos de observaciones y promociones de responsabilidad relacionadas, entre otros asuntos, con uniformes, equipamiento y servicios de asesoría cuya entrega o documentación no quedó suficientemente acreditada.
Una observación no es una sentencia.
Un monto pendiente de aclarar no equivale a dinero robado.
Pero tampoco desaparece porque alguien lo llame persecución.
Se responde con documentos.
Y por eso, mientras Lupita levantaba la voz contra el campanario, una pregunta comenzó a recorrer la plaza:
¿Dónde está Mundo?
¿Por qué no aparece para explicar lo ocurrido durante su administración? ¿Cuánto ha sido solventado? ¿Dónde están los bienes, las actas y los productos contratados?
¿Está fuera de Puebla?
No existe información pública verificable para afirmarlo. El silencio no prueba una fuga ni la ausencia mediática acredita culpabilidad.
Pero sí abre un vacío político.
Y los vacíos, como las campanas, siempre terminan llenándose de ruido.
Cuando los cañones se volvieron carpetas
Hubo un momento en que el Cuervo Blanco dejó de mirar la plaza y acercó el oído.
Después de denunciar tiranías, amenazas y aparatos de poder, Lupita pidió a sus colaboradores conducirse correctamente para “evitar cualquier observación”.
Entonces los cañones se convirtieron en carpetas de tres argollas.
La batalla dejó de librarse en el discurso y pasó a los contratos, licitaciones, pagos, estimaciones y actas de entrega-recepción.
La instrucción era razonable. Todo gobernante debería exigir expedientes completos. Pero, colocada después de advertir que las amenazas “pronto cobrarán vida”, adquiría otra resonancia.
¿Qué sabe Lupita Cuautle?
¿Conoce procedimientos o requerimientos que todavía no son públicos?
¿Está preparando a su gobierno para lo que viene o preparando al público para interpretar cualquier revisión como persecución?
La estrategia puede resultar perfecta.
Si llega una auditoría, se cumplió la profecía.
Si aparece una denuncia, las amenazas cobraron vida.
Y si nada sucede, la resistencia logró detener la ofensiva.
Todo camino conduce al mismo relato.
La curul como paraguas
Al Cuervo también habían llegado los rumores sobre una posible candidatura de Mundo Tlatehui a diputado federal en 2027.
No existe todavía una candidatura formal. Tampoco hay pruebas de que busque una curul para evadir responsabilidades. Pero su silencio permite que las preguntas vuelen más rápido que cualquier desmentido.
¿Busca el cobijo del PAN?
¿Pretende llegar al proceso electoral antes de que avance alguna ruta administrativa o judicial?
¿La denuncia de persecución servirá para presentar una eventual investigación como un intento de frenar su candidatura?
Conviene recordar que una candidatura no concede fuero y una elección no borra expedientes. La protección prevista en el artículo 111 constitucional opera al asumir el cargo y establece un requisito procesal para proceder penalmente contra un legislador.
No extingue responsabilidades ni detiene automáticamente auditorías o procedimientos administrativos.
Una curul podría comprar tiempo y elevar el costo político de una investigación.
Pero no compra inocencia.
No es una pila bautismal donde los pecados administrativos desaparecen con agua legislativa.
Dos ejércitos y un expediente
Desde arriba, el Cuervo Blanco imaginó el mismo expediente jalado por dos bandos.
De un lado, quienes quieren convertir toda observación en prueba anticipada de corrupción.
Del otro, quienes desean transformar cualquier revisión en persecución política.
Las dos cosas que ambos niegan pueden coexistir: una fiscalización jurídicamente válida y el aprovechamiento electoral de sus resultados.
Puede haber documentos que deban aclararse y políticos interesados en exhibirlos selectivamente.
Puede existir una investigación legítima y una operación mediática alrededor de ella.
Lo que no debe existir es condena anticipada ni absolución mediante martirio.
Si hay una “torcida legalidad”, Lupita Cuautle debe identificar el acto, la autoridad y la irregularidad concreta.
Si existen responsabilidades, las instituciones deben acreditarlas respetando el debido proceso.
Y si Mundo Tlatehui no tiene nada que ocultar, debe aparecer y responder por su administración.
Él.
No su esposa.
No una dirigencia partidista.
No una candidatura futura.
La silla que hizo más ruido
El discurso terminó.
Los funcionarios bajaron los teléfonos, las sillas comenzaron a vaciarse y los enemigos sin nombre regresaron al lugar nebuloso donde habitan todas las conspiraciones políticas.
El Cuervo Blanco permaneció sobre el campanario.
Abajo quedaba una silla imaginaria: la de Mundo Tlatehui.
En política, las sillas vacías no son muebles.
Son signos de interrogación.
¿Quiénes son “ellos”?
¿Qué amenazas cobrarán vida?
¿Qué conoce Lupita que todavía no puede o no quiere decir?
¿La guerra es por la legalidad, por San Andrés o por las candidaturas de 2027?
El Cuervo abrió las alas cuando volvió a sonar la campana.
Por ahora, los cañones solamente han disparado palabras. Pero debajo del humo continúan los expedientes.
Y aquella tarde, desde lo alto del campanario, el Cuervo Blanco comprendió que Lupita había levantado la voz para imponerse al bronce.
Sin embargo, ni su discurso ni las campanas consiguieron cubrir el sonido más fuerte de la plaza: el silencio de Mundo.
















