
Álvaro Ramírez Velasco
El neoliberalismo acabó, entre muchas otras cosas, de un plumazo con derechos y conquistas sociales, como la construcción de la vivienda para los trabajadores al servicio del Estado Mexicano; este miércoles, luego de más de 34 años, se restauró esta función primordial, motor de la edificación de hogares en el país y ha sido Puebla el lugar del arranque de este programa del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
El banderazo de salida fue transmitido desde la capital poblana en enlace con la conferencia la Mañanera del Pueblo de la presidenta en Palacio Nacional.
Alejandro Armenta y su administración recuperaron, con diálogo directo y eficiente, un predio en el norte de la ciudad capital que por más de 25 años fue utilizado, aprovechando la indefinición jurídica, por comerciantes para el tianguis de autos usados. Ahí se construirá el Conjunto Habitacional “Carmen Serdán”.
Que haya sido Puebla el lugar que escogió Claudia Sheinbaum, para que el Fondo de la Vivienda del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Fovissste) recupere esta función primordial, debe leerse como muestra de la buena relación y sintonía que hay entre el mandatario poblano y la presidenta, y la clara defensa de la Cuarta Transformación (4T) que da la administración armentista.
El Conjunto “Carmen Serdán”, que tendrá 512 viviendas, quedará en la memoria nacional como la restauración de la vivienda social para los servidores del Estado Mexicano y ese honor ha correspondido al gobierno de Alejandro Armenta compartirlo con el de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Vale la pena echar la mirada al retrovisor: hace 34 años, con la instauración del neoliberalismo más salvaje, en la etapa del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, quien llegó a la Presidencia de la República enlodado en la sospecha del fraude electoral en 1988, se acabó con logros laborales y sociales que, para conseguirlos, llevaron décadas y costaron mucha sangre del Pueblo de México.
Por ejemplo, Carlos Salinas destruyó con el postulado de la Revolución Mexicana, la Tercera Transformación, de darle tierra a quien la trabaja y reformó la Constitución para transformar el ejido en propiedad privada para que se pudiera vender. Pero en realidad la intención no era beneficiar a los campesinos, sino se trató de abrir la posibilidad de que los latifundistas pudieran comprarlo, echando abajo uno de los grandes logros revolucionarios: el reparto agrario.
También, en el salinato se realizó una venta de garaje de los bienes del Estado Mexicano, argumentando que era ineficiente su administración, pero entregó en manos privadas entidades lucrativas y de impulso estratégico, como Teléfonos de México (Telmex), solamente para mencionar uno.
La oscura etapa de violencia y magnicidios del gobierno de Carlos Salinas de Gortari también acabó con la vivienda social y, especialmente, con la que beneficiaba, a través del Fovissste, a los trabajadores y las trabajadoras al servicio del Estado Mexicano.
El neoliberalismo salvaje cobijó a los ricos y pisoteó a los trabajadores; ensanchó las desigualdades y miró solamente al Pueblo como cantera de votos que se podían comprar.
Hoy, se trata de recuperar esos derechos y conquistas, con la Transformación que en el país encabeza Claudia Sheinbaum y que en Puebla tiene a Alejandro Armenta como custodio. Por eso los ataques que se dan desde las voces con intereses aviesos que claman por sus perversos privilegios.
Se trata de la restauración de los derechos y de las conquistas sociales.
Es el Estado social.




