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El Ayuntamiento de Puebla bloquea el cablebús

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Nacho Juárez

El gobierno de Pepe Chedraui inició una muy peligrosa ruta de la que difícilmente saldrá bien librado.

Mal hace un alcalde cuando decide llevarle las contras a un gobernador.

O jugar al revanchismo.

Peor aún si el ariete es la obra emblemática del sexenio.

A ocho meses de que el gobernador Alejandro Armenta Mier, acompañado por la secretaria de Gobernación federal, Rosa Icela Rodríguez, colocó la primera piedra del Sistema de Transporte por Cable, en el ámbito municipal nada se ha movido.

Eso ha provocado que, hasta la fecha, los permisos necesarios -uso de suelo, traslado de inmuebles y aprobaciones en el Cabildo- para su ejecución, se encuentren simplemente detenidos.

Lo peor es que cada día perdido confirma que el desinterés tiene un solo responsable: el alcalde de Puebla.

En un principio, la justificación de las autoridades municipales fue que la complejidad del proyecto implicaba la puesta en marcha de todo un mecanismo interinstitucional para dar certeza jurídica al programa.

En el Ayuntamiento de Puebla pidieron tiempo para actuar en consecuencia.

Los días pasaron.

Los días se convirtieron en semanas.

Las semanas en meses.

En el periplo, el gobierno municipal lanzó salvas para sembrar la narrativa de que todo caminaba, que estaban metidos de lleno en el asunto e incluso que el Cabildo había tomado las medidas necesarias para respaldar el proyecto estrella del armentismo.

Hoy, el saldo es a todas luces negativo.

Sin permisos no hay avance.

Sin avance sólo hay un perjudicado: el gobernador.

Así pues, la negligencia del gobierno de Pepe Chedraui ha sido entendida como un boicot simple y llano.

Y es ahí donde la lógica política toma otro cariz.

¿Qué gana el alcalde de Puebla con el retraso en la autorización de los permisos necesarios para la obra?

Suponiendo sin conceder -como dicen los abogados- que se trataría de una auténtica incapacidad del Ayuntamiento, ¿acaso no es meterse un balazo en el pie?

En los círculos políticos es común escuchar que Pepe Chedraui ha asumido una “postura inteligente” de guardar un “prudente silencio” ante los continuos embates públicos del gobierno del estado.

Lo que ese argumento no dice es que la exhibición pública que ha sufrido el alcalde no inició por una lucha político-partidista sino porque desde el Centro Integral de Servicios han confirmado que no hay un afán honesto de construir de parte del alcalde y mucho menos de su equipo de ¿colaboradores?

Todo inició con el desarrollo de obras en el municipio. Bacheo, vialidades, acciones en colonias y juntas auxiliares.

La respuesta que la autoridad estatal recibió del Ayuntamiento fue el silencio. No acompañó, no se coordinó, no se acercó siquiera a preguntar cómo colaborarían estrechamente.

Así, el camino se llenó de agravios.

Luego, en efecto, llegó la puja por la capital en 2027, pero los tiempos se asomaron en medio de un ambiente contaminado.

El desastre lo selló con el incumplimiento de acuerdos previamente pactados.

Pepe Chedraui se quedó solo en esa ruta.

Así pues, el caos estalló y lo que ahora llaman “prudencia” más bien fue el silencio de quien sabe sus pecados.

Y todo indica que el silencio se ha convertido en revanchismo.

El revanchismo, ya se sabe, es el peor consejero de un gobernante.

Peor cuando el adversario es un gobernador.

¿Por qué no se han autorizado los permisos necesarios para el inicio de las obras del Cablebús?

La respuesta no es sencilla.

Puede tratarse de un mero caso de incapacidad o un bloqueo expreso. Usted agregue todos los que considere necesarios.

Pero, hay un hecho incontrovertible: la ecuación política dicta que allí donde alguien pierde, otro gana.

¿En verdad esa es la ruta que el Ayuntamiento de Puebla quiere seguir?

¿En verdad están dispuestos a enfrentarse al sistema?

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