Iván Rivera
En Puebla, el nombre de Los Toscano dejó de circular únicamente en expedientes policiacos y notas rojas. Hoy aparece dentro de una radiografía más amplia del crimen organizado en México: una lista de más de 40 cárteles, células y bandas identificadas por áreas de inteligencia militar, naval y civil, donde el llamado Cártel de Los Toscanos figura como una estructura asentada en Puebla.
Su historia reciente se entiende desde los mercados, los tianguis y las zonas populares de la capital poblana, pero ha escalado a tal grado que también son reconocibles en la ola de ejecuciones en la capital poblana.
De acuerdo con reportes periodísticos y autoridades, la organización es vinculada con cobro de piso, narcomenudeo, agresiones armadas, homicidios y disputas por el control de espacios comerciales, especialmente en puntos como Los Lavaderos y otros mercados de la ciudad.

El grupo cobró mayor notoriedad tras la detención en septiembre pasado de Julio César N. “El Señor J”, “El Brother” o “El Padrino”, señalado como presunto líder de Los Toscano.
Su captura ocurrió en Puebla capital, en un operativo conjunto de la Policía estatal y la Secretaría de Marina. En ese momento, las autoridades lo ubicaron como un objetivo relevante dentro de la estructura criminal y con las manos llenas: consigo llevaba una pistola calibre .380 con 18 cartuchos útiles, 67 dosis de cristal, 55 de cocaína, un envoltorio con marihuana y de dinero en efectivo.
Pero Los Toscano no son vistos como una banda aislada: su operación se ha explicado dentro de un ecosistema más amplio de violencia urbana en Puebla, donde células locales se disputan venta de droga, extorsión y control territorial.

En enero del año pasado, la Secretaría de Seguridad Pública estatal (SSP) reconoció la presencia de al menos siete grupos criminales en la entidad, entre ellos organizaciones nacionales como el Cártel de Sinaloa y La Familia Michoacana, además de agrupaciones locales como Los Toscano.
Una de las zonas donde más se ha mencionado a esta agrupación es el tianguis de Los Lavaderos, donde en mayo del año pasado se registró una balacera que dejó dos personas muertas y cinco heridas.

Según las investigaciones, hombres armados llegaron en grupo y abrieron fuego en plena actividad comercial, en un ataque que las autoridades relacionaron con la disputa por el control del narcomenudeo en la zona.
El Sol de Puebla reportó que el grupo de Julio César N. El Señor J. era investigado por su posible participación en ese ataque, además de sostener una disputa con la banda de “El Chupón”, identificada también como generadora de violencia en la capital y zona conurbada.
Modus operandi
El patrón que describen las investigaciones no es nuevo en Puebla: se trata de mercados convertidos en puntos de control, comerciantes bajo presión y grupos que buscan imponer reglas por la fuerza.
En esa lógica, Los Toscano habrían intentado mantener influencia en espacios donde se cruzan economía informal, narcomenudeo y extorsión, además Infobae los ubicó con presencia en mercados y tianguis, así como en disputas por cobro de piso y venta de drogas.
El nombre volvió a aparecer con fuerza tras el ataque al bar Lacoss, en la colonia Popular Coatepec, que dejó un saldo de siete personas fallecidas.

La Jornada de Oriente reportó que las autoridades investigaban a Los Toscano, toda vez que estarían relacionados con los atacantes, mientras una de las líneas apuntaba al narcomenudeo y al cobro de piso.
En ese caso también fue señalado Gabriel N. El Tato, como presunto autor intelectual y material. De acuerdo con las investigaciones citadas por medios locales, habría amenazado a trabajadores y gerentes de bares para obligarlos a vender droga.
El ataque al Lacoss dejó varias víctimas mortales y exhibió cómo las disputas criminales ya no se limitaban a mercados, sino que alcanzaban centros nocturnos y corredores de convivencia urbana.
Sitios de operación
La posible base operativa del grupo también ha sido ubicada por reportes periodísticos en la colonia San Isidro Castillotla, al sur de la capital poblana.
Desde ahí, habrían salido agresores en motocicletas rumbo al bar Lacoss, además de que la banda ha sido relacionada con hechos violentos en La Resurrección, La Fayuca, inmediaciones de los estadios y Los Lavaderos.
No son una organización del tamaño de los grandes cárteles nacionales, pero sí encajan en una tendencia que preocupa a las autoridades, al tratarse de grupos locales que, con estructuras más pequeñas, logran controlar territorios específicos, imponer miedo y conectarse con delitos de alto impacto.

Otro ejemplo de su operación se encuentra en los incidentes registrados en la zona norte de la ciudad, particularmente en La Resurrección. Noviembre fue el punto de quiebre, luego de que, en menos de un mes, al menos cuatro ataques armados se concentraron en la misma zona, particularmente en la colonia 2 de Marzo, donde la disputa por el narcomenudeo se volvió visible.
El 14 de noviembre, dos hombres fueron asesinados a plena luz del día tras ser atacados por sujetos armados que llegaron directamente a disparar y huyeron sin ser detenidos.
Días antes, un mototaxista había sido ejecutado en la plaza principal de la misma junta auxiliar, pero la violencia no se detuvo ahí: la noche del 25 de noviembre, otro ataque dejó cuatro personas heridas tras una nueva ráfaga de disparos en la misma colonia.
La SSC confirmó que todos los casos estaban relacionados con una pelea por el control de la venta de droga en la zona y que detrás de esa disputa aparecían dos nombres: Los Virreyes y Los Toscano.
En la misma zona norte de la ciudad, durante ese periodo, se reportó el hallazgo de un cuerpo decapitado y posteriormente una cabeza humana, hechos que, de acuerdo con versiones periodísticas, se trataban de la misma disputa.
Radiografía nacional
Lo que ocurre con Los Toscano en Puebla no es un caso aislado. De acuerdo con reportes de inteligencia elaborados por instancias como el Centro Nacional de Inteligencia y las secretarías de seguridad y fuerzas armadas, el país enfrenta un entramado criminal mucho más amplio: más de 40 organizaciones operan en distintos niveles y territorios, conectadas por delitos que van del narcomenudeo al tráfico internacional.
De acuerdo con un reportaje de Contralínea, las autoridades identifican a un bloque reducido de organizaciones con mayor capacidad operativa -como el Cártel Jalisco Nueva Generación, el Cártel del Pacífico o La Familia Michoacana-, que concentran rutas, recursos y poder de fuego.
A su alrededor orbitan estructuras más pequeñas, muchas de ellas locales, que funcionan como brazos operativos o disputan espacios específicos en ciudades y estados.
Ahí es donde encajan agrupaciones como Los Toscano, quienes no dominan amplias regiones ni controlan corredores internacionales, pero sí se insertan en ese mapa como células con influencia territorial acotada, capaces de generar violencia en puntos concretos: mercados, colonias, bares o tianguis.
El informe también advierte que el fenómeno no se limita a organizaciones nacionales, pues en el país ya se ha documentado la presencia de grupos extranjeros, como la Mara Salvatrucha o el Tren de Aragua, que operan con redes propias en algunas regiones, especialmente en el sureste.















