La pandemia de COVID-19 puso a prueba la capacidad de respuesta de la comunidad científica y demostró que los avances médicos no surgen de manera inmediata, sino de años de investigación y trabajo colectivo. Así lo señaló la rectora de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), Lilia Cedillo Ramírez, durante las Primeras Jornadas de Innovación Académica en Posgrado, organizadas por la Facultad de Medicina.
“La investigación científica no se improvisa”, sostuvo la académica al explicar que las innovaciones en el campo de la salud suelen ser resultado del trabajo de numerosos especialistas y de conocimientos acumulados durante años. Por ello, destacó la importancia de la ciencia básica como fundamento de las aplicaciones médicas.
Durante su conferencia “Pandemia por COVID y medicina traslacional”, Cedillo Ramírez recordó que la emergencia sanitaria obligó a médicos, epidemiólogos, inmunólogos, especialistas en biología molecular y expertos en biotecnología a combinar conocimientos y esfuerzos para enfrentar una enfermedad hasta entonces desconocida.
La rectora consideró que una de las principales enseñanzas de la pandemia fue precisamente la necesidad del trabajo interdisciplinario. La cooperación científica, tanto nacional como internacional, permitió vincular distintas áreas del conocimiento para estudiar el virus, comprender sus efectos y desarrollar alternativas de prevención.
Del laboratorio a la atención médica
Cedillo explicó que las enfermedades emergentes pueden aparecer cuando las actividades humanas alteran los hábitats naturales y favorecen que determinados microorganismos pasen de animales a personas, un proceso conocido como salto entre especies.
Al abordar el SARS-CoV-2, señaló que su aparición en humanos a finales de 2019 abrió un nuevo desafío sanitario debido a su capacidad de propagación y a las complicaciones respiratorias asociadas con la infección.
La especialista distinguió entre los coronavirus que provocan enfermedades respiratorias leves y aquellos capaces de causar cuadros graves. También explicó que la severidad de una infección depende de diversos factores, entre ellos la edad, la respuesta inmunológica y la presencia de enfermedades crónicas.
La experiencia del COVID-19 mostró que una misma infección puede tener consecuencias distintas entre pacientes, lo que vuelve indispensable estudiar tanto las características del virus como las condiciones de salud de las personas afectadas.
Las vacunas y el valor de la ciencia básica
Otro de los temas de la conferencia fue el desarrollo de vacunas contra el COVID-19, un proceso en el que participaron equipos científicos de diferentes países y disciplinas.
Cedillo reconoció las aportaciones de la bioquímica Katalin Karikó, galardonada con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2023 por sus investigaciones relacionadas con las vacunas de ARN mensajero, junto con Drew Weissman.
La rectora destacó que estos avances muestran la importancia de sostener la investigación científica incluso cuando sus aplicaciones inmediatas todavía no son evidentes. Los conocimientos generados en los laboratorios pueden convertirse, años después, en herramientas para enfrentar emergencias sanitarias.
La conferencia formó parte de las Primeras Jornadas de Innovación Académica en Posgrado: Educación, Investigación y Simulación Inteligente, un encuentro académico de la Facultad de Medicina de la BUAP.
La reflexión de Cedillo dejó una conclusión sobre la formación de nuevos investigadores: responder a futuras enfermedades requiere conocimientos acumulados, colaboración entre especialidades y continuidad en el trabajo científico, mucho antes de que aparezca una emergencia.









