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La perversa estrategia de “Loki” Riestra (Primera parte)

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Nacho Juárez

En mitología nórdica, Loki es conocido como el “Señor del Engaño”, el “Mago de las Mentiras”, el “Origen de Todo Fraude”.

En épocas recientes, ese personaje mitológico goza de una amplia popularidad debido a que forma parte de la saga de superhéroes del mundo Marvel, en donde es plasmado como lo que es: un “Maestro” de la mentira y el engaño.

Curiosamente, en la política poblana hay una persona que, pese a su corta y tropezada carrera política, bien podría ser considerado como nuestro Loki aldeano. Me refiero a Mario Riestra Piña, actual dirigente estatal del PAN y poseedor de dos frases que lo retratan a la perfección: “No cumple acuerdos” y “Cuando pueda te va a traicionar”.

Más de uno en el PAN y en la clase política local ha sido timado por Riestra Piña. Si lo duda, solo revise su comportamiento con Rafael Moreno Valle o puede preguntarle a José Antonio Gali Fayad.

El primero sirvió como su trampolín para obtener una diputación y, posteriormente, la presidencia del Congreso del estado. Moreno Valle lo veía como parte de la nueva clase política que quería forjar. Pero muy pronto se dio cuenta de la “esencia” de Riestra Piña y decidió relegarlo de la toma de decisiones.

Desamparado, Loki Riestra buscó refugio con José Antonio Gali Fayad, quien no dudó en sumarlo a su equipo y designarlo como su secretario general en el Ayuntamiento de Puebla. Desde esa posición, creyó que se convertiría en el candidato natural del PAN a la alcaldía y hasta se vendía como el hombre que cuidaba los intereses de su “jefe”, una vez que buscó y ganó la gubernatura que duró un periodo de 1 año y 8 meses.

Obviamente, los sueños guajiros del panista muy pronto se toparon con pared. Con la salida de Gali de la Comuna, pronto se convirtió en el paria que siempre fue y en el morenovallismo nunca lo tomaron como una opción seria a la alcaldía. Tan es así que Moreno Valle y hasta Martha Erika Alonso prefirieron llevar a Eduardo Rivera Pérez como abanderado y a Riestra lo nominaron a la segunda fórmula al Senado.

Vaya humillación la que sufrió el panista al comprobar que la primera fórmula fue entregada a Nadia Navarro Acevedo, en ese momento una desconocida política, cuyo padre Carlos Navarro Corro era dueño de Pacto Social de Integración, un partido local que muy pronto exhibió sus vínculos con presuntos integrantes del crimen organizado.

Sin senaduría ni futuro, Loki Riestra esperó una nueva coyuntura.

Primero, hizo lo que mejor sabe: traicionar. Por eso, se lanzó contra Moreno Valle y criticó el autoritarismo con el que se manejaba como gobernador. (Obviamente, las agallas le salieron cuando supo que el exmandatario no podía hacerle nada. De Gali, como se entenderá, no dijo nada ya que sigue muy vivo).

Luego, Loki Riestra tendió lazos con Morena, en ese entonces comandado en Puebla por Miguel Barbosa Huerta, quien no tuvo objeción en dejarle libre el paso por el distrito federal 12. Esa jugada, además, llevaba jiribilla, ya que el contrincante morenista era uno de los más antibarbosistas de ese momento: René Sánchez Galindo.

La candidatura se fraguó en el Comité Ejecutivo Nacional del PAN, pero contó no solo con el aval del entonces dirigente Marko Cortés Mendoza, sino con la venia de la presidenta estatal Genoveva Huerta Villegas -otra a la que ya traicionó a pesar de ser su secretaria general-, es decir, pudo ser vetado, pero en aras de construir la unidad, le dieron chance de transitar.

Una vez en la diputación federal, Loki Riestra hizo como que no sabía nada de los pactos en Puebla con Morena y se lanzó con todo contra la 4T, pero sin tocar con el pétalo de una crítica al gobernador morenista.

Desde esa fecha, además, el legislador también forjó una alianza con Eduardo Rivera Pérez e incluso abogó por el yunquista para ser ungido como el abanderado a la capital poblana. (Ambos tenían un plus: eran bien vistos en Morena).

Aunque hoy no se pueden ver ni en pintura, Rivera Pérez y Mario Riestra caminaron juntos durante todo el trienio hasta que se atravesó la candidatura a la presidencia municipal para la elección de 2024.

Cómo olvidar que fue el propio Loki Riestra el que sembró la grilla y presionó a Marko Cortés para que obligara a Eduardo Rivera a que renunciara a su deseo por reelegirse y se convirtiera en el candidato a la gubernatura. Esto le dejaría el camino libre al diputado federal.

Y así pasó en octubre de 2023 cuando el presidente nacional panista vino a Puebla y prácticamente obligó públicamente al edil a que acelerara su salida de la Comuna.

La campaña de 2024 fue a todas luces destroza tanto para Eduardo Rivera como para Mario Riestra. Este último no se cansaba de quejarse de que los negativos del exedil, el desastre que dejó en la ciudad y su pésima estrategia electoral estaban hundiendo su candidatura.

Palabras más, palabras menos, Riestra no dejaba de repetir: “Todos saben que Lalo va a perder y quiere hacerme perder a mí”.

En el equipo de Rivera Pérez pronto se enteraron de la traición de Loki Riestra y actuaron en consecuencia: le echaron la culpa de la terrible derrota sufrida que hizo retroceder al PAN a los resultados obtenidos a finales de la década de los 70.

Con la estocada encima, Riestra Piña fraguó su siguiente plan: Desquitarse de su antiguo aliado y hacerse de la dirigencia estatal del PAN. Pero para eso necesitaba forzosamente a alguien que pudiera darle los votos que necesitaba en el Consejo Estatal. Fue así que buscó a dos personajes clave: Jorge Aguilar Chedraui y a Genoveva Huerta Villegas.

Ambos panistas sabían que el PAN requería una necesaria refundación y por eso que sumaron fuerzas para erradicar toda rémora del yunquismo riverista. El triunfo se logró gracias a la conjunción de grupos y al respaldo de las diferentes corrientes.

No fue por Mario Riestra.

Dicho de otra forma: Loki Riestra no hubiera podido ganar sin el respaldo de las corrientes.

De hecho, por culpa del exdiputado federal se registró una escisión de cuadros clave entre los antoyunquistas riveristas, como Fernando Sarur y Guadalupe Leal, quienes prefirieron respaldar al equipo del exedil capitalino -cuyo candidato fue Guillermo Velázquez Gutiérrez-, antes de apoyar a Riestra Piña.

Ambos panistas sabían a la perfección hasta donde podía llegar el exmorenovallista y su estilo de hacer política. El tiempo les dio la razón.

Ungido como dirigente estatal, Loki Riestra comenzó a hacer, una vez más, lo que sabe: incumplir acuerdos y grillar a sus aliados.

En menos de un año al frente del Comité Directivo Estatal, Mario Riestra ha sido responsable de sumir al panismo en una nueva división. Se trata de una estrategia planificada e ideada para aplicar la consabida frase: “Río revuelto, ganancia de pescadores”.

En este camino, las traiciones saltan por doquier. El problema es que muy pronto están apareciendo los agravios y cadáveres por el camino.

La radiografía de las traiciones y los actores perjudicados se los platicó en una nueva entrega.

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