Nacho Juárez
El dirigente estatal del PAN, Mario Riestra Piña, comenzó un juego muy peligroso al intentar desestabilizar la zona conurbada de Puebla, a través de supuestos “ciudadanos” críticos e inconformes con las acciones de los gobiernos de Morena pero que de “ciudadanos independentes” tienen muy poco y, por el contrario, están metidos hasta el tuétano en un activismo político-partidista con miras a la elección intermedia de 2027.
Ahí, por ejemplo, está el caso de José Luis Escalera. Un sujeto dedicado a la venta de libros, pero que siente tener la estatura moral para subirse a una discusión pública por el simple hecho de formar parte de un reducido grupito de poblanos cuyas familias son de rancio abolengo en la ciudad.
Escalera ha sido uno de los principales opositores al Cablebús y ha intentado vender su postura como la de un ciudadano independiente preocupado por su estado. Lo que en realidad no ha querido decir públicamente es que su actitud responde a un principio político partidista de oposición y la mejor muestra es que forma parte del Consejo Consultivo Ciudadano del Comité Directivo Estatal del PAN.
Ese organismo fue creado a instancias de Mario Riestra, quien sencillamente recogió a muchos de sus amigos u aliados que lo apoyaron en su fallida campaña a la alcaldía de Puebla en 2024.
Otro caso -y quizás uno de los más peligrosos hasta el momento- es el de los supuestos “activistas” contra la contaminación que genera el relleno sanitario de Chiltepeque.
Desde febrero de este año, un grupito de “ambientalistas” iniciaron el bloqueo de los principales accesos al centro de confinamiento, amagaron con un paro indefinido y hasta llamaron a boicotear las actividades de la empresa RESA, concesionaria del servicio de confinamiento final de residuos sólidos.
El principal cabecilla de ese grupo es Claudio Marciano Navarro Téllez, un sujeto que pronto ganó notoriedad por supuestamente encabezar una causa justa.
¿Pero qué cree? Resulta que dicho sujeto es integrante del Comité Directivo Municipal del PAN en Puebla, encabezado por Gabriela Ruiz Benítez y quien llegó al cargo luego de que los tribunales electorales le dieran un mazazo a Mario Riestra y Acción Nacional al obligarlos a anular la elección donde resultó ganador el delfín del dirigente estatal Manuel Herrera Rojas.
Claudio Marciano es un sujeto identificado en las juntas auxiliares y comunidades rurales de la capital como un panista ligado precisamente al grupo de Mario Riestra Piña, gracias a la alianza que hizo con varios grupos locales -incluso el ingrato dirigente estatal ya desconoció a aquellos que lo ayudaron a forjar tales respaldos.
Si tiene dudas del vínculo de dicho sujeto con la dirigencia municipal del PAN capitalino les dejó una imagen del documento SG/003/2026, enviado por Riestra Piña al Comité Ejecutivo Nacional.
El documento de marras esta relacionado a las “providencias emitidas por el presidente nacional (del PAN), con relación a la ratificación de la elección de la presidencia e integrantes del Comité Directivo Municipal en Puebla, en acatamiento a la resolución del expediente TEEP-JDC-074/2025 del Tribunal Electoral del Estado de Puebla”.
Para ser más precisos, en ese documento Riestra Piña informó que la elección cumplió con lo ordenado por el TEEP de que la nueva dirigencia tendría que estar encabezada por una mujer.
Si de todos modos hay más dudas solo basta con que realice una revisión al padrón de militantes del PAN, reportado en los mismos estrados del Comité Ejecutivo Nacional, para confirmar que en realidad Claudio Marciano Navarro Téllez tiene una casaca azul y está muy lejos de ser el “ambientalista” y “ciudadano independiente” como se ha vendido ante los medios de comunicación locales.
El juego de Marciano ha ido muy lejos debido a que su “activismo” ha llevado a poner en riesgo un servicio del que dependen millones de ciudadanos -éstos sí auténticos- que habitan en siete municipios de la zona conurbada: Puebla, San Andrés y San Pedro Cholula, Amozco, Santa Clara Ocoyucan, Cuautlancingo y Coronango.
Cabe aclarar que una cosa es la acción legal que puedan realizar las instancias oficiales de cuidado al medio ambiente en el relleno sanitario, como fue la clausura parcial que realizó la Profepa la noche del pasado miércoles, y otra muy diferente el activismo impulsado por Marciano y sus secuaces que solo buscan una desestabilización social con fines netamente políticos.
¿Se imagina las consecuencias sociales y conflictos que generaría cerrar el relleno sanitario y el golpazo que sufrirían los gobiernos municipales y estatal de Morena?
El problema va más allá porque el principal responsable de que la empresa RESA tenga la concesión del servicio de confinamiento final de residuos sólidos en la capital poblana fue precisamente el gobierno panista de Eduardo Rivera Pérez.
¿Y qué cree? En esa misma administración, Gabriela Ruiz Benítez se desempeñó como regidora y con su voto avaló la entrega de la concesión.
¿Si realmente la empresa no puede hacerse cargo e incurre en un grave problema de inoperancia que derivó la contaminación de suelos y mantos acuíferos por la fuga de lixiviados, por qué la administración panista de Eduardo Rivera y sus regidores no se avocaron a hacer primero una investigación profunda de las condiciones en que opera ese centro?
Con la radiografía en manos, pudieron obligar a la compañía a cumplir con todos los requerimientos para el buen funcionamiento y, entonces sí, garantizar que la concesión cumpliera su finalidad.
Marciano y los supuestos ambientalistas que han tomado de rehén a la ciudadanía a través de impulsar el boicot del relleno sanitario pretenden montarse en un problema que debió resolver un gobierno emanado de su propio partido, pero ahora es más fácil echar la culpa a los gobiernos de Morena por esa situación.
Marciano, Gabriela Ruiz y la runfla de panistas que ahora pretende meter en un problema a la zona conurbada no actúan solos. Todos ellos forman parte del equipo político de Mario Riestra, por lo que no es exagerado señalarlo como el principal responsable de esta acción que solo busca poner contra las cuerdas a los gobiernos de Morena a costa de perjudicar a la ciudadanía.
Lo peor de todo es que Mario Riestra anda en un doble juego, porque más de una vez ha ido a jurarle a los hombres de poder morenistas que es su aliado, que los ayudará en todo lo que pueda; pero por otra parte ha puesto en marcha un mecanismo muy peligroso para perjudicar a Morena y sus gobierno teniendo a la ciudadanía como rehén.
Mario Riestra juega con una doble máscara: aliado de Morena y como opositor del gobierno. El problema es que para ser lo segundo, se necesita tener un expediente muy limpio. El dirigente estatal no lo tiene. Solo basta recordar que hay dudas sobre anomalías que lo involucran a él y a sus familiares por un monto de mil 313 millones de pesos.
























