En la Sierra Norte de Puebla, producir un kilogramo de jitomate cuesta entre ocho y 10 pesos, pero durante algunos meses los agricultores llegan a venderlo en cuatro pesos o menos.
La diferencia convierte cada cosecha en una apuesta contra los precios del mercado: el mismo producto que entre enero y marzo puede alcanzar 25 pesos por kilogramo pierde buena parte de su valor entre abril y julio, precisamente cuando los productores necesitan recuperar su inversión.
Esa variación es el problema económico que el gobierno de Puebla pretende enfrentar con la construcción del Centro de Innovación y Transformación de Productos Agropecuarios y Acuícolas (CITRAA) Jitomate Puebla Cinco de Mayo, una instalación industrial de 110 millones de pesos que se levanta en Aquixtla.
El gobernador Alejandro Armenta Mier supervisó este miércoles 28 de octubre las obras del complejo, concebido para seleccionar, empacar y transformar jitomate en pasta, salsas, cátsup y otros productos con mayor valor comercial.
La apuesta consiste en que una parte de la producción regional deje de depender exclusivamente de la venta del fruto fresco y pueda comercializarse mediante productos procesados.
Sin embargo, la capacidad anunciada para el nuevo centro representa solamente una fracción de las cosechas de la región. La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural estima una producción anual de entre 390 mil y 470 mil toneladas, mientras que la planta tendrá capacidad para procesar 12 mil toneladas y empacar otras 7 mil 200 al año.
El problema comienza cuando cae el precio del jitomate
La secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural, Ana Laura Altamirano, expuso que la región cuenta con mil 300 hectáreas de invernaderos dedicados a la producción de jitomate.
Según sus cifras, los rendimientos se ubican entre 150 y 180 toneladas por hectárea, mientras que la producción regional anual estimada alcanza entre 390 mil y 470 mil toneladas.
La funcionaria describió una marcada variación estacional de precios.
Entre enero y marzo, el kilogramo puede alcanzar los 25 pesos. Sin embargo, de abril a julio llega a comercializarse en cuatro pesos o menos, pese a que los costos de producción se mantienen entre ocho y diez pesos.
Esto significa que, durante los periodos de menor precio, los productores pueden recibir menos de la mitad de lo que invirtieron por cada kilogramo comercializado.
El problema no radica únicamente en producir más, sino en encontrar alternativas para vender la cosecha cuando el mercado del jitomate fresco deja de ofrecer precios suficientes para cubrir los costos.
La transformación industrial permitiría destinar una parte de ese producto a alimentos procesados, aunque todavía no se han informado los precios que pagará el CITRAA a los agricultores ni el mecanismo mediante el cual adquirirá sus cosechas.
Una fábrica para convertir jitomate en pasta y salsas
El nuevo complejo contará con dos líneas de producción.
La primera estará destinada a la selección y empaque de jitomate, con capacidad para manejar 7 mil 200 toneladas anuales.
La segunda permitirá procesar hasta 12 mil toneladas de jitomate para obtener aproximadamente mil 800 toneladas de pasta, además de abrir posibilidades para elaborar salsas, cátsup y otros derivados.
El residente de obra, Manuel Onofre López, informó que el contrato de construcción asciende a 110 millones de pesos.
El proyecto ocupa un predio de 15 mil 734 metros cuadrados y contempla una superficie construida de 12 mil 976 metros cuadrados.
Las instalaciones incluirán áreas administrativas, bodegas para producto terminado y cámaras frías, además de las líneas de procesamiento y empaque.
De acuerdo con el reporte oficial, el centro tendrá un beneficio directo estimado para mil 200 habitantes.
La administración estatal no precisó la fecha prevista de conclusión de la obra, el número de trabajadores que contratará la planta ni las condiciones bajo las cuales los productores podrán entregar sus cosechas.
La transformación industrial abre otra ruta comercial
Armenta Mier sostuvo que la economía poblana necesita diversificar sus actividades para reducir los riesgos asociados con la dependencia de un solo sector productivo.
El gobernador planteó que los agricultores deben tener mayores posibilidades de participar en las ganancias obtenidas después de transformar sus productos, en lugar de limitarse a vender materias primas.
Como ejemplos de esa estrategia mencionó el café soluble Puebla Cinco de Mayo, la industria del mezcal y los proyectos para procesar jitomate, limón persa, berries, higos y manzanas.
La administración también contempla la construcción de otro CITRAA en San José Chiapa, destinado a procesar manzana, pera y otros frutales para elaborar alimentos saludables dirigidos a las escuelas.
En el caso de Aquixtla, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural señaló que existe la perspectiva de comercializar los productos procesados mediante las más de mil 200 tiendas de Alimentación para el Bienestar ubicadas en Puebla.
Esa posibilidad todavía se presenta como una expectativa comercial. El comunicado no identifica contratos de distribución ni volúmenes de compra comprometidos.
La transformación del jitomate podría ampliar las opciones de venta, pero su efecto sobre los ingresos de los agricultores dependerá de los precios de adquisición, los costos industriales y los canales de comercialización que logren establecerse.
El gobierno anuncia más maquinaria para el campo
Durante la gira por Aquixtla, Armenta Mier también presentó cifras sobre la mecanización agrícola de Puebla.
El mandatario informó que durante 2025 se contó con 800 equipos y 50 mil hectáreas sembradas, mientras que para 2026 reportó mil 800 equipos y 200 mil hectáreas.
La meta anunciada para 2027 es superar los 2 mil 500 equipos y alcanzar 400 mil hectáreas sembradas, principalmente de temporal.
Las cifras fueron presentadas como parte de la estrategia para ampliar el acceso a maquinaria agrícola y fortalecer la capacidad productiva del campo poblano.
El gobernador también anunció la rehabilitación del mercado municipal de Aquixtla mediante el programa de Obra Comunitaria, aunque no detalló el presupuesto ni el calendario de intervención.
Entregan 644 apoyos por más de siete millones de pesos
La visita incluyó la tercera etapa de entrega de apoyos al campo, con 644 beneficios por un monto superior a siete millones de pesos.
Los recursos y bienes están destinados a actividades pecuarias, apícolas, emprendimientos de mujeres rurales, modernización agrícola y acceso a insumos.
Ana Laura Altamirano sostuvo que los apoyos se entregan sin costo ni condicionamientos.
La secretaria invitó a los productores a organizarse en comités de desarrollo rural para acceder a maquinaria, tractores, drones y otros equipos, con operador y combustible incluidos.
El comunicado no desglosa cuántos apoyos corresponden a cada actividad ni identifica los municipios donde se distribuyeron.
La estrategia de mecanización acompaña el proyecto industrial, aunque ambos componentes responden a necesidades distintas: aumentar la capacidad productiva y mejorar las condiciones de comercialización.
La capacidad industrial frente al tamaño de la cosecha
El CITRAA de Aquixtla representa una inversión para incorporar procesamiento industrial a una región cuya economía depende de la producción agrícola.
La planta podrá transformar 12 mil toneladas anuales de jitomate, frente a una cosecha regional estimada de entre 390 mil y 470 mil toneladas.
Esa capacidad equivale aproximadamente a entre 2.6 y 3.1 por ciento de la producción anual reportada, sin contar las 7 mil 200 toneladas que podrán pasar por la línea de selección y empaque.
La diferencia muestra tanto el alcance inicial del proyecto como sus límites frente al volumen que generan los invernaderos de la región.
La construcción permitirá disponer de infraestructura para procesar una parte de la cosecha, pero todavía queda pendiente conocer cómo se organizará la compra del producto y qué beneficios económicos recibirán directamente los agricultores.
Para los jitomateros de Aquixtla, el problema que dio origen al proyecto permanece expresado en una diferencia concreta: producir a ocho o diez pesos y vender, durante los meses difíciles, a cuatro o menos.
La planta de 110 millones de pesos tendrá que demostrar si transformar el jitomate también puede transformar esa cuenta.















