El gobierno de Claudia Sheinbaum conmemoró el Día Internacional de la Destrucción de Armas de Fuego con una ceremonia cargada de símbolos en la Basílica de Guadalupe. Ahí, la presidenta defendió el programa Sí al Desarme, Sí a la Paz, que en sus primeros seis meses ha logrado recolectar más de dos mil armas entregadas de forma anónima por la ciudadanía.
Acompañada de funcionarios federales, Sheinbaum recalcó que el desarme civil es parte fundamental de su modelo de seguridad. “No queremos armas en las casas, queremos libros, queremos música, queremos sonrisas”, expresó. Durante el evento, fue testigo de la destrucción pública de una de las armas recuperadas.
En su mensaje, insistió en que la paz no puede ser una consigna vacía ni un recurso retórico. “Decimos sí a la paz no como palabra bonita para discursos, sino como una elección de vida”, declaró. La mandataria explicó que el objetivo de fondo es atender las causas estructurales de la violencia y cambiar el imaginario colectivo que ha normalizado la presencia de armas.
Desde enero, el programa ha recibido 1,585 armas cortas, 550 largas, más de 85 mil cartuchos y cerca de 200 artefactos explosivos. Las entregas se han efectuado en puntos clave del país, como Tijuana, Acapulco, León, San Cristóbal, Puebla y Chimalhuacán.
La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, señaló que este esfuerzo representa un mensaje global: “México elige construir la paz”.
También se anunció una iniciativa artística para dar nueva vida a las armas destruidas. Claudia Curiel, titular de Cultura, confirmó una convocatoria para transformar el metal de las armas en esculturas públicas. Las obras se exhibirán en 2026 como una apuesta por la memoria, la reconciliación y la expresión colectiva.
Sheinbaum aprovechó para señalar que los homicidios dolosos han bajado 25 por ciento en su gestión, gracias a una estrategia basada en cuatro pilares: atención a las causas, fortalecimiento de la Guardia Nacional, inteligencia e investigación, y coordinación institucional.
La jornada dejó un mensaje claro: el desarme no es sólo una política pública, sino una narrativa que busca cambiar el rostro de México.