Durante 17 años, un proyecto de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) ha evitado que 2 mil 500 toneladas de residuos orgánicos terminen en el relleno sanitario. Los desechos, recolectados con la participación de unas 600 familias, se transforman en fertilizantes mediante un proceso de lombricompostaje que ahora recibió un reconocimiento estatal.
El responsable de la iniciativa, José Cinco Patrón Ibarra, profesor investigador del Centro de Agroecología del Instituto de Ciencias de la BUAP, obtuvo el primer lugar en el Concurso Estatal de Proyecto: Transformación Sostenible por el Planeta, en la categoría de Producción y Consumo Responsable.
El reconocimiento fue otorgado por el gobierno de Puebla, mediante la Secretaría de Planeación, Finanzas y Administración, durante la Semana del Desarrollo Sostenible, Puebla 2026.
El proyecto, denominado Manejo, transformación y aprovechamiento de residuos orgánicos domésticos en centros de acopio gratuitos y a través de lombricompostaje, tiene como punto de partida la separación de desechos en los hogares.
Las familias participantes entregan sus residuos en el centro de acopio ubicado en la 63 Oriente, número 20, colonia Laguleña, cerca del mercado Zapata, en la ciudad de Puebla.
De acuerdo con el investigador, se trata del único Centro de Acopio de Residuos Orgánicos gratuito en el estado. El espacio recibe materiales tres días a la semana, que posteriormente son trasladados al Ecocampus Valsequillo de la BUAP para su transformación.
El procedimiento comienza con la separación de los materiales desde su origen. Después, los residuos se transportan en tanques de 200 litros y se depositan en 12 camas de compostaje, cada una con capacidad de 10 toneladas.
Durante aproximadamente un mes, los materiales permanecen en una etapa de precomposteo, en la que se fermentan antes de incorporar las lombrices que intervienen en su descomposición.
Los organismos transforman los residuos en lombricomposta, un abono oscuro que puede utilizarse para recuperar la fertilidad del suelo. El proceso completo requiere entre tres y cuatro meses, seguido de las etapas de secado y cernido.
También se obtiene un extracto líquido que se utiliza como fertilizante para nutrir las plantas.
Cinco Patrón Ibarra explicó que esta técnica permite aprovechar materiales que, de otro modo, llegarían a los sitios de disposición final y contribuirían a la generación de gases de efecto invernadero.
“Con esta simple labor, con apoyo de lombricompostaje, es decir, con un proceso que no genera malos olores ni fauna nociva, ayudamos al medio ambiente para que no lleguen tantos residuos orgánicos al relleno sanitario”, señaló.
Además de los desperdicios domésticos de cocina, el centro recibe aceite quemado, pasto, hojarasca y cartón de huevo, materiales que forman parte de las actividades de acopio del proyecto.
En las tareas participan estudiantes universitarios, principalmente del posgrado en Manejo Sostenible de Agroecosistemas, quienes colaboran en los procesos de aprovechamiento de residuos.
El reconocimiento estatal distingue una iniciativa que ha mantenido su operación durante 17 años, mediante la colaboración entre investigadores, estudiantes y familias poblanas.
La experiencia también muestra una alternativa para reducir la cantidad de desechos enviados a los rellenos sanitarios: separar los residuos desde casa, recuperarlos mediante centros de acopio y transformarlos en materiales útiles para la agricultura.
Las 2 mil 500 toneladas recuperadas representan residuos que dejaron de ser basura para convertirse en fertilizantes, mediante un proceso que comienza en los hogares y termina en los suelos.















