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Diagnóstico detecta distintas formas de discriminación y violencia en seis juntas auxiliares

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La violencia de género no aparece igual en todas partes ni responde a una sola causa. En seis juntas auxiliares del municipio, un diagnóstico de la BUAP encontró diferencias entre comunidades, espacios y condiciones de vida que obligan a abandonar las respuestas uniformes.

El Segundo Diagnóstico sobre la Prevalencia de Discriminación y Violencia de Género en el Municipio de Puebla abarcó La Resurrección, San Miguel Canoa, San Sebastián de Aparicio, San Pablo Xochimehuacan, San Jerónimo Caleras y Santa María Xonacatepec.

El estudio fue elaborado por el Centro de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y forma parte de una serie de tres diagnósticos en distintos polígonos del municipio.

Entre los factores de discriminación identificados aparecen el nivel de estudios, la orientación sexual, la clase social y la edad. Estas expresiones fueron ubicadas en espacios públicos, centros laborales y educativos.

La violencia cambia según el territorio

La investigación encontró que las violencias de género también aparecen en relaciones familiares y de pareja, espacios públicos, centros de trabajo, escuelas y entornos digitales.

El diagnóstico vinculó estas violencias con otras condiciones que atraviesan la vida cotidiana, entre ellas la situación económica, la pertenencia étnica, la edad y las responsabilidades de cuidado.

La titular de la Secretaría de las Mujeres, Zaira González, sostuvo que esas diferencias obligan a diseñar respuestas específicas para cada comunidad.

“Cada comunidad tiene características distintas y nuestras respuestas deben reconocerlas. Este diagnóstico nos permite saber dónde están las barreras, cómo se manifiestan las violencias y qué necesitamos fortalecer para prevenirlas y atenderlas”, señaló.

El cuidado entra en el mapa de las desigualdades

Esta segunda etapa incorporó preguntas sobre quién cuida, bajo qué condiciones y qué impacto tienen esas responsabilidades en la vida diaria.

La inclusión de ese tema permite observar la relación entre el trabajo de cuidados y otras desigualdades que afectan tiempo, oportunidades y condiciones de desarrollo.

El presidente municipal, Pepe Chedraui, afirmó que el estudio servirá para definir líneas de intervención con base en evidencia y coordinar acciones entre gobierno, comunidades y academia.

“Este estudio nos brinda la base científica necesaria para fundamentar nuestras acciones, atender las causas de desigualdad desde lo local y consolidar comunidades más seguras, incluyentes y libres de violencia para las mujeres, niñas y adolescentes”, señaló.

Tres diagnósticos para una ciudad desigual

El documento presentado este 1 de octubre es el segundo de tres estudios planteados para distintos polígonos del municipio.

La investigación contó con la participación de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP, encabezada por Josefina Rosas, y del Centro de Estudios de Género, coordinado por Nancy Granados, además de autoridades auxiliares y habitantes que aportaron información sobre sus comunidades.

La utilidad del diagnóstico dependerá ahora de cómo se traduzcan esos hallazgos en políticas específicas para cada territorio.

Porque el mapa ya muestra una primera conclusión: la discriminación y la violencia no tienen una sola forma, y combatirlas como si fueran iguales en toda la ciudad puede dejar intactas las diferencias que el propio estudio acaba de documentar.

 

 

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