El miércoles 27 de agosto, la solemnidad que acompaña el cierre de los trabajos parlamentarios se quebró en el Senado de la República. La sesión de la Comisión Permanente, que ponía fin al segundo receso del Congreso de la Unión, terminó con un episodio insólito: un enfrentamiento a golpes entre dos de las figuras más visibles de la política mexicana, Gerardo Fernández Noroña y Alejandro “Alito” Moreno.
El incidente ocurrió en el salón de plenos cuando apenas había concluido la interpretación del Himno Nacional. De acuerdo con testigos, Fernández Noroña, vicecoordinador del grupo parlamentario de Morena, y Moreno, líder del Partido Revolucionario Institucional (PRI), intercambiaron palabras en tono elevado. Lo que parecía un cruce verbal más entre adversarios políticos escaló a empujones y manotazos frente a legisladores y asistentes.
La sorpresa fue mayúscula. Los trabajos parlamentarios habían discurrido con la normalidad de un cierre de periodo, centrados en la conclusión formal del receso legislativo. Sin embargo, la tensión acumulada en semanas de debates y declaraciones cruzadas encontró su válvula de escape en un episodio que rápidamente trascendió a la prensa y redes sociales.
Los equipos de seguridad intervinieron con rapidez, al igual que senadores de distintas bancadas que buscaron separar a los contendientes. La escena contrastó con el acto protocolario que acababa de ocurrir, pues mientras el recinto resonaba todavía con las últimas notas del Himno Nacional, la confrontación captó la atención y los celulares de los presentes.
Fernández Noroña, conocido por su estilo directo y confrontativo, había sostenido durante las últimas semanas una serie de críticas abiertas contra la dirigencia priista, a la que acusa de sostener una alianza opositora con fines meramente personales. Por su parte, Alejandro Moreno, también protagonista de la vida política como presidente del PRI y senador, ha mantenido un discurso duro contra el oficialismo, acusando a Morena de utilizar su mayoría para imponer decisiones en el Congreso.
El intercambio entre ambos no fue un hecho aislado. En días previos, durante entrevistas y declaraciones públicas, cada uno había elevado el tono de sus críticas, refiriéndose al otro con descalificaciones. El ambiente en la Permanente había sido de tensión, con una oposición que busca reposicionarse frente a la agenda legislativa de la presidenta Claudia Sheinbaum y un oficialismo que defiende sus iniciativas con mayoría.
Este episodio refleja el desgaste de las relaciones entre bancadas, en especial después de que se discutieran temas sensibles como la aprobación de la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública y la discusión sobre la responsabilidad del Estado frente al crimen organizado. La confrontación entre Moreno y Noroña es síntoma de un Congreso que enfrenta un periodo de alta polarización.
La oficina de comunicación del Senado no emitió de inmediato un posicionamiento oficial sobre lo sucedido, aunque fuentes legislativas confirmaron que no se prevén sanciones formales más allá de un exhorto a guardar la compostura. En paralelo, tanto el PRI como Morena aprovecharon el incidente para reforzar sus narrativas: el primero, señalando la intolerancia del oficialismo; el segundo, acusando a la oposición de buscar espectáculo político.
Lo ocurrido este miércoles pasará a la crónica parlamentaria como uno de los episodios más tensos de la Legislatura. Más allá de la anécdota, evidencia la dificultad de construir consensos en un Congreso en el que las diferencias ideológicas se mezclan con rivalidades personales. Y recuerda, además, que los gestos de violencia —aunque excepcionales— no son ajenos a la política mexicana.