Ismael Zambada García, conocido como El Mayo, cofundador del Cártel de Sinaloa y uno de los narcotraficantes más buscados en el mundo durante las últimas décadas, aceptó este 25 de agosto en Nueva York los cargos por narcotráfico y conspiración criminal. Con setenta y siete años, el capo reconoció en voz propia que dirigió durante medio siglo una organización criminal que extendió su influencia desde los campos de cultivo en México hasta las rutas de exportación hacia Estados Unidos y Europa.
La audiencia, celebrada en la Corte Federal del Distrito Este de Brooklyn, estuvo presidida por el juez Brian Cogan, el mismo que en 2019 condenó a cadena perpetua a Joaquín Chapo Guzmán. En esta ocasión, Zambada renunció a su derecho a juicio y apelación y aceptó un acuerdo con la fiscalía neoyorquina. Aunque la sentencia formal será dictada más adelante, la fiscal general Pamela Bondi fue tajante: “El Mayo pasará el resto de sus días tras las rejas. Morirá en una prisión de Estados Unidos, donde pertenece”.
El Departamento de Justicia lo acusa de haber importado durante décadas toneladas de cocaína, metanfetaminas, heroína, marihuana y, más recientemente, fentanilo hacia territorio estadounidense. A estos cargos se suman lavado de dinero, delitos con armas de fuego y actos violentos relacionados con la estructura del Cártel de Sinaloa entre 1989 y 2024. Los fiscales unificaron en Nueva York acusaciones que estaban abiertas en Texas, lo que permitió que Zambada se declarara culpable de los cargos principales: dirigir una empresa criminal continua y conspiración bajo el estatuto RICO, que sanciona el crimen organizado.
Durante la audiencia, Zambada pronunció un breve mensaje que se convirtió en confesión pública de su trayectoria delictiva: “Durante cincuenta años he dirigido una gran red criminal… Desde el principio y hasta el momento de mi captura he pagado sobornos a policías, militares y políticos en México. Pido perdón a todos por mis acciones. Asumo mi responsabilidad”. El abogado del capo, Frank Pérez, aclaró que su cliente no testificará contra terceros ni proporcionará nombres de cómplices o funcionarios. “Su información se queda con él. Todo eso está en las pruebas, él no va a hablar de nadie”, afirmó.
La captura de Zambada ocurrió el 25 de julio de 2024 en el aeropuerto de Santa Teresa, Nuevo México, en circunstancias rodeadas de sospecha. Ese día fue detenido junto a Joaquín Guzmán López, hijo de El Chapo, y desde el inicio denunció que había sido emboscado por el propio Guzmán López. La aprehensión desató una ola de violencia en Sinaloa entre las facciones de Los Mayos y Los Chapitos, que dejó más de mil 700 muertos en poco más de un año.
La fiscal Bondi enmarcó el caso como parte de una estrategia más amplia contra lo que definió como “organizaciones narcoterroristas”. En conferencia de prensa, aseguró que Estados Unidos no cejará hasta “eliminar a los cárteles de la droga que inundan al país con drogas, traficantes de personas y homicidas”. El presidente Donald Trump, de vuelta en la Casa Blanca desde enero, ha impulsado esta línea dura, presionando a México con la amenaza de aranceles y desplegando fuerzas navales en el Caribe para atacar rutas de narcotráfico.
El acuerdo de culpabilidad de Zambada se alcanzó luego de que la fiscalía desistiera de pedir la pena de muerte. Aunque el capo no estaba protegido por un tratado de extradición, las autoridades estadounidenses decidieron buscar una condena de cadena perpetua. La comparación con el caso de Guzmán Loera es inevitable: mientras que el Chapo enfrentó un juicio mediático con decenas de testigos, El Mayo optó por reconocer los cargos de forma directa y sin cooperación adicional.
El impacto de la confesión también alcanzó a México. La presidenta Claudia Sheinbaum advirtió que cualquier declaración de Zambada sobre sobornos o nexos en el país deberá ser sustentada en pruebas y analizada por la Fiscalía General de la República. “Lo que vaya a declarar, y si lo plantea la Fiscalía de Estados Unidos, cualquier tema que tuviera que ver con México tiene que pasar por pruebas y por la FGR; hay un procedimiento”, dijo en su conferencia matutina.
En paralelo, la cooperación bilateral contra el crimen organizado se ha intensificado. En agosto, México extraditó a 26 presuntos narcotraficantes de alto perfil a Estados Unidos, entre ellos Rafael Caro Quintero. Estos movimientos buscan frenar el trasiego de fentanilo, opioide sintético que provoca decenas de miles de muertes por sobredosis cada año en territorio estadounidense.
El final de la carrera del Mayo Zambada simboliza el ocaso de una generación de capos que dominaron el narcotráfico desde los años ochenta. Aunque su figura permaneció en las sombras durante décadas, evitando cámaras y operativos, su caída marca un hito en la historia del Cártel de Sinaloa, considerado aún la organización criminal más poderosa del mundo. Pese a la captura de sus líderes históricos, el grupo sigue operando mediante nuevas generaciones y redes logísticas asentadas en ambos lados de la frontera.