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Detectan 45 fármacos en el río Atoyac; antibióticos amenazan ecosistemas y podrían llegar a cultivos

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El río Atoyac arrastra algo más que los desechos industriales, las aguas residuales y las bacterias que durante décadas han deteriorado su cauce. Una investigación científica analizó 45 compuestos farmacéuticos, entre ellos antibióticos, analgésicos, antiinflamatorios y medicamentos psiquiátricos, cuya presencia introduce nuevos riesgos para los ecosistemas de Puebla y Tlaxcala.

El estudio, publicado en Journal of Environmental Management y documentado por el periodista Gonzalo Ortuño López para Mongabay Latam, examinó 29 muestras de agua superficial de la cuenca. Los investigadores encontraron que las concentraciones más elevadas de sustancias farmacéuticas se localizan principalmente después de descargas de plantas de tratamiento de aguas residuales y en zonas densamente pobladas.

La preocupación no termina en el río. Parte de estas aguas llega a la presa de Valsequillo y se utiliza para el riego agrícola, lo que plantea interrogantes sobre el destino de los medicamentos que resisten los procesos naturales de degradación.

Las plantas de tratamiento no eliminan todos los medicamentos

Jaime Dueñas Moreno, investigador del Tecnológico de Monterrey en Puebla y coautor del estudio, explicó a Mongabay Latam que las plantas convencionales de tratamiento de aguas residuales no están diseñadas para retirar determinados compuestos farmacéuticos.

Durante el tratamiento, algunas sustancias permanecen en el agua descargada, mientras otras pueden acumularse en los lodos. Esto significa que el tratamiento convencional no garantiza su eliminación.

Las aguas residuales urbanas y hospitalarias figuran entre las principales fuentes identificadas por los investigadores. El estudio también relaciona el incremento de las concentraciones con puntos de descarga y zonas de mayor concentración poblacional, sin atribuir toda la contaminación a una instalación específica.

Entre las sustancias estudiadas aparecen ibuprofeno, diclofenaco, naproxeno y distintos antibióticos, con niveles variables de riesgo ecológico.

Los antibióticos abren otro problema: la resistencia bacteriana

Una de las preocupaciones científicas se concentra en medicamentos como sulfametoxazol, trimetoprima y ciprofloxacina.

La presencia de estos antibióticos en el ambiente puede favorecer condiciones para que determinados microorganismos desarrollen resistencia a los tratamientos médicos, un fenómeno que representa un riesgo sanitario.

Abrahan Rafael Mora Polanco, investigador del Tecnológico de Monterrey y coautor del trabajo, advirtió sobre la persistencia de sustancias como la carbamazepina, utilizada para tratar determinadas enfermedades neurológicas.

El investigador explicó que algunos compuestos presentan dificultades para degradarse y pueden permanecer en los sistemas acuáticos.

Regina Montero Montoya, académica del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM, señaló a Mongabay Latam que los antibióticos y antiparasitarios pueden afectar organismos acuáticos y modificar la composición biológica de los ecosistemas.

La investigación refiere antecedentes científicos sobre alteraciones reproductivas, efectos hormonales y resistencia antimicrobiana asociados con determinados compuestos farmacéuticos. Sin embargo, esos efectos no equivalen a una demostración de daños específicos en personas expuestas al agua del Atoyac.

Valsequillo, el punto donde la contaminación alcanza al campo

La presa de Valsequillo ocupa un lugar importante dentro de la investigación porque recibe aguas procedentes del sistema Atoyac-Zahuapan y abastece actividades agrícolas.

Los científicos identificaron en ella compuestos persistentes, entre ellos carbamazepina, sulfametoxazol, trimetoprima y otros antibióticos.

Mora Polanco planteó la posibilidad de que algunas sustancias lleguen a cultivos irrigados con agua de la presa, aunque precisó que todavía hacen falta investigaciones para comprobar esa transferencia.

El estudio no determina concentraciones de medicamentos en productos agrícolas ni demuestra que el consumo de alimentos cultivados en la región haya provocado enfermedades relacionadas con estos contaminantes.

La distinción es importante: la presencia de fármacos en el agua constituye un hallazgo científico; su posible incorporación a los cultivos sigue siendo una hipótesis que requiere análisis adicionales.

El riesgo inmediato también está en las bacterias

Aunque los medicamentos representan una preocupación ambiental, los autores del estudio advirtieron que no constituyen el principal peligro identificado en el Atoyac.

Mora Polanco explicó que la contaminación bacteriana alcanza condiciones que pueden representar riesgos sanitarios inmediatos, mientras que los efectos de algunos contaminantes químicos necesitan evaluaciones de exposición y seguimiento a mayor plazo.

La investigación coloca así los compuestos farmacéuticos dentro de un problema más amplio: la descarga de aguas residuales insuficientemente tratadas y la acumulación de contaminantes procedentes de distintas actividades humanas.

La presencia simultánea de bacterias, sustancias industriales y medicamentos complica las tareas de saneamiento, pues cada grupo de contaminantes requiere procedimientos de identificación y tratamiento distintos.

El saneamiento enfrenta una deuda con la vigilancia de contaminantes

Los resultados científicos se conocen mientras el gobierno federal mantiene una estrategia de saneamiento de los ríos Atoyac, Tula y Lerma-Santiago, con una inversión proyectada de 20 mil millones de pesos hacia 2030, según información publicada anteriormente por Fábrica de Periodismo.

El problema es que construir o modernizar infraestructura de tratamiento no asegura la eliminación de compuestos farmacéuticos si no se incorporan tecnologías apropiadas y mecanismos específicos de vigilancia.

Dueñas Moreno destacó la necesidad de contar con mayor evidencia científica para incorporar estas sustancias a las disposiciones ambientales que regulan la calidad del agua.

El hallazgo también coincide con los reclamos de organizaciones de la Cuenca del Alto Atoyac, que han cuestionado los alcances del saneamiento federal y solicitado medidas para atender la contaminación tóxica y sus consecuencias sanitarias.

La investigación no demuestra que los fármacos hayan causado enfermedades en los habitantes de la cuenca, pero identifica sustancias que requieren vigilancia y aporta información sobre los puntos donde se concentran.

El Atoyac ya tiene un diagnóstico de contaminación que incluye descargas industriales y aguas residuales. Ahora la ciencia documenta otra dimensión del problema: medicamentos que llegan al río, sobreviven a los tratamientos convencionales y permanecen en aguas utilizadas para actividades agrícolas.

La pregunta pendiente no es únicamente cómo retirar los contaminantes del cauce, sino qué ocurre con aquellas sustancias que siguen circulando después de que el agua sale de las plantas de tratamiento.

  • Fuente principal: investigación de Gonzalo Ortuño López, publicada originalmente en Mongabay Latam y reproducida por Fábrica de Periodismo el 18 de octubre de 2026. Estudio científico de Jaime Dueñas-Moreno, Abrahan Mora y Jürgen Mahlknecht en Journal of Environmental Management.
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