Ángel Villa Herrero busca convertirse en candidato de Morena a la presidencia municipal de Huauchinango, pero sus aspiraciones están manchadas por graves denuncias sobre los negocios inmobiliarios de su familia. Las Perlitas es el mejor ejemplo: un bosque fue destruido para construir casas que hoy están a punto de venirse a abajo tras el paso del huracán Jerry. Cuando los vecinos encararon al padre del aspirante morenista para reclamarle la situación, la única respuesta que obtuvieron fue la ironía: “Les vendo la barranca”.
Staff Hoja de Ruta
En el fraccionamiento Las Perlitas, ubicado en la colonia El Potro, en Huauchinango, el problema no comenzó con la falta de agua o con fallas en los servicios. Comenzó con el bosque.
Lo que en su momento fue presentado a los compradores como un desarrollo habitacional rodeado de vegetación terminó convirtiéndose, según los vecinos, en un escenario de tala de árboles, intervención de laderas y viviendas que enfrentan el riesgo de quedar expuestas ante posibles desgajamientos del terreno.
Las Perlitas, en la colonia El Potro, forma parte de los desarrollos inmobiliarios vinculados al empresario y arquitecto Gilberto Villa Huerta, construidos en una zona donde persisten áreas forestales asociadas a la Cuenca de Necaxa.
Con el paso del tiempo, los habitantes comenzaron a notar que la transformación del entorno natural, además de alterar el paisaje, también debilitó el terreno donde se levantaron las viviendas.

Aseguran que, en este fraccionamiento, el proyecto inicial prometía un entorno verde, con áreas de convivencia y vista al bosque, pero hoy en cambio, hablan de un proceso que describen como un “ecocidio silencioso”, marcado por la tala de árboles y la modificación de una ladera que cumple una función importante para sostener el suelo.
Gilberto es padre de Ángel y Vength Villa Herrero. Todos ellos se encuentran en la mira de la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales por construcción de viviendas sin permisos y destrucción de áreas forestales, lo que incluso derivó en denuncias penales.
Pese a esta situación, Ángel Villa Herrero pretende convertirse en el candidato de Morena a la alcaldía de Huauchinango.
El proyecto verde que no fue
Cristian conoce de primera mano la historia del lugar. Durante varios años fue presidente de colonos en la zona de El Potro y en 2012 adquirió una vivienda en Las Perlitas, casa que actualmente utilizan sus hijos.
Recuerda que, cuando los compradores acudían a conocer el fraccionamiento, el proyecto se presentaba con otra imagen, pues les mostraban los servicios proyectados y las áreas comunes que formarían parte del diseño del conjunto habitacional.
En la entrada del fraccionamiento, por ejemplo, se les indicó que habría un jardín o parque destinado como área de juegos para los niños.
Sin embargo, ese espacio terminó ocupado por una construcción relacionada con un negocio de materiales para construcción identificado como Materiales BG, propiedad de Ángel Villa Herrero, hijo del desarrollador.
Ese negocio -que opera desde hace años y hoy es utilizado por el aspirante para regalar luminarias y materiales, en franca campaña de posicionamiento- solo ha traído dolores de cabeza a los pobladores.
Hace unos días, un tráiler tiro los cables de alumbrado y dejó sin luz a toda la colonia. Los vecinos salieron a las calles a protestar porque no era la primera vez que ocurría y porque estaban cansados de que la continua descarga de materiales bloquea la circulación, daña el pavimento y deja destrozos.

Los reclamos
Cristian pagó cerca de 600 mil pesos por su vivienda. Las escrituras las firmó con Venght Villa Herrero, aunque según relató, quien se encargaba directamente de las negociaciones y de la venta de las casas era el propio Gilberto Villa.
Su vivienda quedó ubicada en la parte frontal del fraccionamiento, justo en el límite donde comienzan las zonas boscosas, pero ahí comenzaron los problemas.
Una vez habitadas varias de las casas, Villa inició trabajos de tala en la zona cercana al fraccionamiento. Cristian asegura que nunca les mostró permisos para realizar esos trabajos y que, cuando algunos vecinos cuestionaron las intervenciones, el desarrollador respondió que contaba con respaldo del Ayuntamiento.
El problema es que la vegetación en esa ladera no solo forma parte del paisaje: también cumple una función natural para sostener el terreno.
Según su testimonio, al retirar árboles y remover tierra se debilitó la base que mantiene estable el suelo en esa zona.
Y cuando él mismo reclamó por el riesgo que eso representaba para las viviendas, recuerda que el empresario respondió que no había problema porque “sabía lo que hacía” y que, después de todo, él era arquitecto y especialista.
Al paso de los años llegaron las lluvias, entre ellas las asociadas al huracán Jerry, que provocaron escurrimientos intensos en la ladera. Fue entonces cuando comenzaron a aparecer los primeros daños.
Algunas viviendas registraron afectaciones en la parte trasera y en distintos puntos del terreno comenzaron a observarse desgajamientos.

Cristian recuerda que Villa aseguró que reforzaría la zona para evitar mayores problemas, sin embargo, mientras esas promesas se planteaban, la tala de árboles continuaba en los alrededores.
De forma paralela, el acceso al fraccionamiento comenzó a cambiar. Cristian relató que en la entrada empezaron a estacionarse tráileres para descargar materiales relacionados con el negocio familiar, lo que en ocasiones bloqueaba el paso hacia las viviendas.
Ese punto tiene además un valor simbólico para los habitantes de Huauchinango, toda vez que en el acceso al fraccionamiento se encuentra un árbol que forma parte del glifo o escudo municipal, considerado un símbolo de identidad del municipio. Con el tiempo, sin embargo, la mercancía del negocio de materiales terminó ocupando parte de ese espacio.
Ante la situación, algunos vecinos presentaron oficios ante el Ayuntamiento para denunciar tanto la obstrucción del acceso como la tala de árboles.
Según Cristian, esos documentos terminaron circulando dentro de la administración municipal del entonces presidente municipal Gustavo Vargas Cabrera, sin que se resolviera de fondo el problema.
Los estragos del ecocidio
Otra vecina del fraccionamiento, Mirina, adquirió su vivienda en Las Perlitas en 2013.
En su caso, la intención era utilizarla como casa de descanso, por lo que durante varios años no habitó el lugar de forma permanente.
Cuando regresó de Monterrey tiempo después, el paisaje ya no era el mismo. Explicó que durante la venta de las viviendas hace más de una década, uno de los principales atractivos del fraccionamiento era precisamente la vista hacia el bosque, la Zona Protectora Forestal Vedada, Cuenca Hidrográfica del Río Necaxa.
Sin embargo, al volver encontró varios árboles derribados y un terreno intervenido donde, según le informaron, se planeaba desarrollar un nuevo fraccionamiento, en plena zona forestal protegida.
Para ella, el cambio fue tan evidente que comenzó a describir la situación como un ecocidio.
Mirina afirmó que en algún momento pudo ver planos del proyecto que se pretendía construir en la zona, pero no así los permisos de impacto ambiental tramitados hacia la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, mismos que señaló, fueron negados por el desarrollador en todo momento.
Desde entonces ha realizado gestiones para evitar que se construya en ese espacio, al considerar que hacerlo podría aumentar el riesgo para las viviendas ya existentes, las cuales algunas apenas logran sostenerse.
Los efectos de la intervención en la ladera se hicieron más visibles tras los estragos del huracán Jerry en el último trimestre de 2025. Mirina explica que los muros de contención que actualmente pueden observarse en algunos puntos del fraccionamiento fueron colocados después de los daños provocados por las lluvias.

En su caso particular, su vivienda no presentó afectaciones estructurales graves porque antes de ampliar la construcción decidió reforzar la cimentación con un muro de piedra de aproximadamente tres metros y medio de altura, obra que financió con recursos propios y que no formaba parte del proyecto original del fraccionamiento.
Aun así, asegura que otras casas sí se encuentran en una situación más delicada, ya que, con la tala de árboles, la tierra comenzó a perder estabilidad y en algunos puntos el terreno se ha ido desgajando.
Además, parte de la zona terminó convirtiéndose en un tiradero de basura, lo que agravó el deterioro del entorno.
“Le vendo la barranca”
Cuando Mirina intentó reclamar directamente a Gilberto Villa por la situación, asegura que la respuesta fue sarcástica. En una ocasión, relató que el empresario incluso llegó a ofrecerle “venderle la barranca”.
“Cuando le reclamé al señor Gilberto Villa, cínicamente me dijo: ‘le vendo la barranca’. De repente es sarcástico. Los permisos definitivamente no me los enseñó, me dijo que tenía los planos y que era un proyecto inmobiliario que ya estaba. Le contesté que no era cierto, si acaso dijo que iba a meter una pista para correr y andar en bicicleta, pero eso fue todo”, narró.
Mirina también apuntó que Villa Huerta ha tenido confrontaciones verbales con algunas vecinas y que en diversas ocasiones les ha respondido con groserías cuando cuestionan las intervenciones en la zona.
Incluso sostiene que algunos árboles pudieron haber sido envenenados para secarlos y posteriormente justificar su derribo bajo el argumento de que estaban enfermos o afectados por plagas una teoría que comparte con algunos otros vecinos.
Especialistas consultados explicaron que varias de las casas en la zona fueron construidas sobre columnas que sostienen una plataforma, un método común cuando se edifica en terrenos con pendiente.

Sin embargo, señalaron que parte de la tierra que originalmente ayudaba a sostener la ladera parece haberse desplazado, lo que ha dejado algunos tramos de las viviendas con menor apoyo del terreno.
Advirtieron que cuando en una pendiente se pierde suelo o este se reblandece por las lluvias, las columnas terminan cargando más peso del previsto, es así que, si el terreno continúa moviéndose o saturándose de agua, existe el riesgo de que se registren nuevos desgajamientos e incluso ocurra la caída total de las viviendas.
La casa que comenzó a fracturarse
El impacto de esas intervenciones se hizo más evidente en otras viviendas del fraccionamiento. Briseida, otra habitante de Las Perlitas, relata que después de la tala y de las lluvias su casa comenzó a presentar fracturas en la parte frontal.
Cuenta que Gilberto Villa acudió a revisar la situación, observó los daños y prometió regresar para repararlos, pero la solución no llegó de inmediato.
Con el terreno debilitado, su vivienda quedó prácticamente al borde de la ladera, por lo que recuerda que, durante varias noches, podían escucharse ruidos bajo la casa: la tierra se movía, tronaba y se desgajaba poco a poco.
“En las noches escuchábamos cómo caía a la tierra, mi vecina igual escuchaba cómo tronaba. A partir de eso mi vecina se fue, ella estaba rentando y dijo que ya no podía estar aquí porque su casa quedó muy afectada. La dueña reparó, pero por su cuenta”, expuso.
El miedo a que la construcción colapsara fue tal que decidió abandonar la vivienda durante tres meses, tiempo después, un ingeniero acudió al fraccionamiento y citó a los vecinos para explicar que se realizarían trabajos de impermeabilización y reparación de grietas.
En su caso, Briseida afirma que se atendió parte del daño, sin embargo, la banqueta quedó desnivelada y cuando solicitó que se corrigiera la obra, la respuesta fue que “era lo máximo que podían hacer”.
“Con el huracán se partió la parte de enfrente de la casa, arregló esa parte, pero esta vez no nos hizo caso. Parte de la casa se fue a la barranca, quedamos al ras y estamos preocupados que la casa se pudiera ir. En la colonia nos empezaron a citar uno por uno, pero nos dijeron que sólo iba a impermeabilizar, que no podía hacer más por nosotros porque ya no le correspondía (…) Comentó que, si se iba la casa que no nos preocupáramos, que él iba a poner otra”, narró.
También recuerda que algunos ingenieros afines a la familia Villa les pidieron evitar hablar con la prensa, pero para ella, el problema involucra su patrimonio y consideró necesario que la situación se conozca públicamente.
Con el tiempo, la Secretaría de Bienestar del gobierno federal otorgó un apoyo económico con el que cuatro viviendas afectadas, incluida la suya, pudieron reparar parte de los daños en la fachada, pero esa solución no provino del desarrollador.
Un terreno sin permisos ambientales
La raíz del conflicto podría encontrarse en el origen mismo de los desarrollos inmobiliarios, ya que, de acuerdo con una respuesta obtenida vía transparencia de la Semarnat, no existe registro de que Gilberto Villa Huerta, Ángel Villa Herrero o Venght Villa Herrero -ni las empresas vinculadas a ellos-, hayan solicitado autorizaciones ambientales federales para proyectos inmobiliarios, fraccionamientos o cambios de uso de suelo en terrenos forestales.
La propia dependencia informó que, tras una “búsqueda exhaustiva” en sus archivos, no localizó trámites ingresados ni autorizaciones otorgadas a nombre de esas personas o de compañías como Servicios Complementarios Lobo, Bau Green, Black Bunker o Conexiones Atlas.

El dato cobra relevancia porque varios de los desarrollos señalados por vecinos se ubican dentro de la Zona Protectora Forestal de la Cuenca del Río Necaxa, un área con estatus de protección ambiental, donde cualquier proyecto de urbanización debe contar previamente con autorizaciones federales.
Es así como, en Las Perlitas, los testimonios coinciden en un punto: la intervención en la ladera transformó el entorno natural y generó incertidumbre entre quienes habitan al pie del cerro.
Mientras algunos vecinos lograron reforzar sus viviendas con recursos propios, otros dependieron de apoyos gubernamentales para reparar los daños provocados por el movimiento del terreno.
Lo que en un principio se presentó como un desarrollo habitacional con vistas al bosque terminó convirtiéndose para varios habitantes en un conflicto marcado por la transformación del paisaje y por el riesgo que representa el suelo donde se levantan sus casas.




























