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Robert Keohane plantea que la cooperación internacional aún puede contener el conflicto

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Cuando los intereses nacionales pesan más que la búsqueda de acuerdos, la cooperación internacional enfrenta su prueba más difícil. Ese fue el punto de partida de Robert Keohane durante la cátedra “Instituciones globales en un mundo de conflicto”, impartida en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la BUAP.

El politólogo estadounidense participó en el ciclo anual de conferencias 2026 “La nueva geometría del poder: anarquía y esperanza”, donde revisó las condiciones que permiten que los países cooperen pese a que sus objetivos no siempre coinciden: mientras algunos buscan riqueza, otros priorizan estabilidad.

La propuesta de Keohane parte de una idea central: en un sistema internacional sin una autoridad superior capaz de imponer reglas a todos los Estados, las instituciones pueden funcionar como mecanismos para contener el conflicto.

Para reducir la incertidumbre, explicó, se requieren canales de comunicación transparentes, negociación de agendas y marcos legales que establezcan reglas de interacción. A ello se suma la posibilidad de incentivar a los gobiernos que cumplen acuerdos o aplicar consecuencias cuando los violan.

Keohane recurrió a la experiencia posterior a la Segunda Guerra Mundial para explicar por qué la cooperación puede abrirse paso incluso entre potencias con intereses distintos. En ese periodo, sostuvo, los principales actores internacionales aceptaron hacer concesiones sobre intereses particulares ante condiciones de interdependencia que favorecieron la construcción de instituciones.

El escenario actual, planteó, presenta una dificultad adicional. Los intereses económicos tienen mayor peso y el conflicto puede aparecer antes que la cooperación, mientras la competencia entre países está marcada por la coerción y la búsqueda de hegemonía.

Aun con ese cambio, el politólogo defendió la utilidad de las instituciones internacionales como mecanismos para reducir tensiones. La Unión Europea fue el ejemplo que utilizó para explicar cómo intereses comunes y reglas compartidas pueden generar incentivos para que los países acepten concesiones.

Keohane señaló también el caso de Canadá, país que, según expuso, encuentra coincidencias institucionales con la Unión Europea y ha buscado ampliar sus relaciones con ese bloque.

China ocupó otro tramo de su exposición. El politólogo recordó que en 1985 el país asiático tenía una participación distinta en el sistema internacional y sostuvo que la cooperación permitió compartir información y construir instituciones capaces de incorporar valores propios y acompañar su desarrollo.

La experiencia sirve, según su planteamiento, para sostener que las instituciones no eliminan las diferencias entre países, pero pueden crear condiciones para que esas diferencias sean procesadas mediante reglas y acuerdos.

Keohane reconoció, sin embargo, que las instituciones internacionales tienen actualmente menor peso que años atrás. El cambio climático fue uno de los problemas que utilizó para mostrar los límites de una respuesta exclusivamente nacional: ningún país puede resolverlo por sí solo y Estados Unidos mantiene un papel relevante.

Por eso, sostuvo que la Unión Europea continúa siendo un espacio particularmente útil para estudiar cómo funciona la cooperación. La experiencia europea, dijo, permite observar qué ocurre cuando los países aceptan concesiones que benefician a un conjunto.

La discusión planteada en la BUAP terminó regresando al dilema inicial: en un sistema internacional donde cada Estado puede privilegiar sus propios intereses, la cooperación no está garantizada. Para Keohane, precisamente por eso las instituciones siguen siendo necesarias: no para eliminar el conflicto, sino para crear reglas que hagan posible negociar antes de que la competencia cierre esa puerta.

 

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