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Freddy Ortega: el humor como respuesta al caos y la actuación como arte del engaño

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Freddy Ortega descubrió desde niño que tenía dos habilidades que terminarían por definir su carrera: memorizar textos con facilidad y convencer a los demás de que una historia inventada podía parecer verdadera. Aquellos primeros acercamientos al arte del engaño encontraron su camino en la actuación y el humor, dos herramientas que el comediante considera fundamentales para transformar, aunque sea por unos momentos, la realidad de las personas.

El integrante de los Mascabrothers compartió esa reflexión durante la presentación de Sueños de un pseudoactor, su libro autobiográfico, en BUAP Librerías del Complejo Cultural Universitario, donde habló de su trayectoria, de las posibilidades expresivas de la actuación y de una convicción que ha acompañado su trabajo: el humor permite enfrentar la tristeza y encontrar una salida emocional cuando la vida parece desbordarse.

Para Ortega, la comedia no consiste únicamente en provocar carcajadas. También ofrece una manera de lidiar con el caos cotidiano, aliviar tensiones y modificar el estado de ánimo de quienes encuentran en una historia, un personaje o una situación absurda una oportunidad para mirar sus problemas desde otra perspectiva.

El niño que aprendió a construir otras realidades

En su conversación con los asistentes, Freddy Ortega recordó cómo descubrió durante la infancia su facilidad para aprender diálogos y construir relatos capaces de resultar convincentes.

Esa habilidad lo llevó a comprender uno de los principios de la actuación: el intérprete debe asumir una realidad imaginaria con suficiente convicción para que el público pueda aceptarla durante el tiempo que dura la representación.

“Todos tenemos algo de actores. El acto del engaño es la mejor vía en la actuación, porque el actor crea realidades. Soy actor porque me importa transformar los momentos de las personas, llevar la mente y sus estados emocionales hacia otro lado”, expresó.

La afirmación resume una parte de su manera de entender el oficio. El engaño al que se refiere no busca aprovecharse de alguien, sino establecer el acuerdo que permite a los espectadores entrar en una ficción, reconocer emociones y participar de una experiencia construida por el intérprete.

En ese territorio, Ortega encontró el espacio para desarrollar una carrera donde la comedia y la actuación se alimentan mutuamente.

Reír también es una manera de enfrentar la tristeza

El comediante sostuvo que el humor funciona como una respuesta humana frente al caos y las dificultades de la existencia. Cuando las circunstancias parecen conducir al colapso, la risa puede ofrecer una pausa y ayudar a sobrellevar las tensiones.

Ortega también destacó su importancia para combatir la tristeza e incluso contribuir a aliviar la percepción de ciertos dolores físicos, una valoración que compartió desde su experiencia y su relación con la comedia.

Su planteamiento coloca al humor más allá del entretenimiento. La posibilidad de modificar temporalmente el estado emocional de otra persona forma parte de las razones por las que eligió dedicarse a la actuación.

Esa relación entre el público y el intérprete atraviesa su reflexión autobiográfica: contar historias, provocar emociones y construir personajes tienen sentido cuando consiguen establecer una conexión con quienes los observan.

Un contador que terminó contando historias

Durante la presentación, Francisco Javier Rojas Vázquez, profesor de la Facultad de Administración de la BUAP, comentó que Sueños de un pseudoactor permite conocer distintas facetas de Freddy Ortega, quien se describe como contador, escritor y comediante.

La obra recupera vivencias y experiencias personales mediante el mismo recurso que ha acompañado su trayectoria artística: el humor como una forma de interpretar la vida.

La autobiografía propone conocer al hombre detrás de los personajes, sus descubrimientos tempranos y la manera en que convirtió la facilidad para contar historias en una vocación.

El encuentro en el Complejo Cultural Universitario permitió que Ortega hablara de su experiencia sin abandonar la reflexión sobre el trabajo del actor, una profesión que depende de la imaginación, la memoria y la capacidad de hacer creíble aquello que solamente existe dentro de una representación.

En Sueños de un pseudoactor, Freddy Ortega vuelve sobre sus propios pasos para explicar cómo llegó a la comedia. Pero también deja una idea sobre el oficio que eligió: un actor puede inventar una realidad frente al público y, mediante esa ficción, provocar una emoción verdadera.

 

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