Reconocer que nadie tiene derecho a invadir su cuerpo, aprender a establecer límites y saber a quién acudir cuando alguien los lastima son conocimientos que niñas y niños necesitan desde sus primeros años. Bajo esa premisa, la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Puebla (CDH Puebla) presentó una estrategia que busca prevenir el acoso y otras formas de violencia escolar antes de que se conviertan en problemas mayores.
La propuesta parte de una responsabilidad compartida: la protección de la infancia no corresponde únicamente a las escuelas. También involucra a madres, padres, personas tutoras, docentes, instituciones públicas y organizaciones civiles, cuya participación resulta necesaria para identificar riesgos y construir espacios seguros.
La presidenta de la CDH Puebla, Isela Sánchez Soya, anunció la Estrategia Estatal de Educación en Derechos Humanos para la Construcción de Entornos Escolares Seguros, desarrollada en colaboración con Fundación Luna, Caminemos Juntos, y CREA A. C.
La iniciativa contempla la campaña Alto al bullying: por un mundo sin acoso y la distribución gratuita de cinco cuadernillos de la colección Cuidarme es mi Superpoder, dirigidos a niñas y niños de tres a 12 años.
Aprender que el cuerpo tiene límites y la voz importa
Uno de los componentes centrales de la estrategia consiste en acercar los derechos humanos a la infancia mediante materiales educativos que puedan comprenderse y discutirse tanto en las aulas como en los hogares.
Sánchez Soya explicó que los cinco libros publicados bajo el sello editorial de la Comisión buscan abrir conversaciones sobre el respeto al cuerpo, la autonomía personal y la importancia de pedir ayuda cuando una situación provoca incomodidad o representa un riesgo.
“Es decirles: mi cuerpo se respeta, mi voz importa, puedo pedir ayuda y puedo cuidar a otras personas”, afirmó la presidenta del organismo.
La funcionaria sostuvo que estos temas deben abordarse desde el afecto y la confianza, sin convertir el miedo en el principal recurso para enseñar a niñas y niños a protegerse.
La colección propone incorporar el autocuidado a la educación cotidiana y reforzar la capacidad de las infancias para reconocer situaciones que vulneren sus derechos.
El material también está dirigido a familias y docentes, quienes podrán utilizarlo para conversar con los menores sobre asuntos que requieren explicaciones acordes con su edad.
El bullying no comienza ni termina en las aulas
La estrategia incorpora una campaña específica contra el acoso escolar, presentada por Mariano Luna Téllez, presidente de Fundación Luna, Caminemos Juntos.
Bajo el nombre Alto al bullying: por un mundo sin acoso, la iniciativa busca convocar a personas tutoras, familias, maestras, maestros y sociedad civil para prevenir las agresiones que afectan la convivencia escolar.
Luna Téllez planteó que la formación de niñas y niños no comienza cuando ingresan a la escuela, sino dentro de los espacios familiares donde aprenden conductas y formas de relacionarse.
“La educación no empieza en las aulas, empieza en las casas y en las mesas donde comemos”, expresó.
Su intervención colocó la conducta de las personas adultas como un elemento relevante para prevenir la violencia y construir relaciones basadas en el respeto.
La campaña busca extender la responsabilidad más allá de los planteles, mediante una alianza que permita involucrar a quienes conviven cotidianamente con niñas, niños y adolescentes.
Una estrategia para escuelas públicas y privadas
La propuesta de la CDH Puebla contempla abrir espacios de diálogo con instituciones educativas de ambos sectores y organizaciones de la sociedad civil.
El objetivo es fortalecer las capacidades de las comunidades escolares para identificar riesgos, prevenir distintas manifestaciones de violencia y desarrollar mecanismos de protección.
Abraham Romero Hernández, presidente de CREA A. C., destacó la importancia de reunir a instituciones públicas, organizaciones civiles, familias y comunidades educativas alrededor de una misma responsabilidad.
El representante de la asociación sostuvo que los desafíos relacionados con la protección de la infancia requieren una participación articulada, debido a que ninguna institución puede responder por sí sola a todas las necesidades de prevención.
La iniciativa plantea trabajar tanto en la identificación de conductas violentas como en el fortalecimiento de los factores que permiten construir entornos inclusivos y protectores.
De la dignidad personal a la protección colectiva
La encargada de despacho de la Secretaría Técnica de la CDH Puebla, Monserrat Mejía Barrón, explicó que la estrategia forma parte de una ruta de trabajo desarrollada por la Comisión para fortalecer la educación en derechos humanos.
Señaló que este proceso ha permitido incidir en la Secretaría de Educación Pública estatal mediante una propuesta formativa que comienza con el reconocimiento de la dignidad individual y avanza hacia la participación en comunidades seguras.
Mejía Barrón precisó que los cinco cuadernillos de Cuidarme es mi Superpoder tienen como eje el reconocimiento del cuerpo, el respeto a los límites personales y el autocuidado.
La propuesta pretende que niñas y niños comprendan desde edades tempranas que sus cuerpos merecen respeto y que pueden acudir a personas adultas de confianza cuando necesiten protección.
Este planteamiento también implica que los adultos deben estar preparados para escuchar, reconocer las señales de riesgo y responder cuando un menor solicita ayuda.
La funcionaria destacó que el aprendizaje de los derechos personales constituye una base para desarrollar relaciones respetuosas con otras personas y participar en la construcción de espacios comunitarios seguros.
El desafío de convertir la prevención en una práctica escolar
La alianza entre la CDH Puebla, Fundación Luna y CREA abre una vía de colaboración para incorporar la educación en derechos humanos a las actividades de las comunidades escolares.
La CDH Puebla plantea que la participación de las familias, instituciones y organizaciones sociales permitirá fortalecer la protección de la infancia y promover el ejercicio de sus derechos.
La propuesta coloca una enseñanza básica al principio del proceso: que niñas y niños sepan reconocer sus límites, expresar lo que les sucede y solicitar protección.
















