Iván Rivera
La mañana del 19 de febrero Karina de los Ángeles Ruiz Ruiz y Alexandro Agustín Tello Olmedo salieron de su casa en Puebla con un plan sencillo: cruzar a Tlaxcala para celebrar el cumpleaños de ella. Eran alrededor de las 8:00 horas cuando abordaron su vehículo Jetta y avisaron que regresarían más tarde, pero no volvieron.
Ese fue el último contacto.
La ausencia comenzó a pesar conforme avanzó el día, las llamadas ya no entraban, los mensajes no tenían respuesta y al activarse los protocolos de búsqueda, la Fiscalía Especializada en Desaparición de Personas inició el rastreo digital y físico de la pareja.
Las cámaras de videovigilancia y la geolocalización en tiempo real del automóvil reconstruyeron el recorrido: el Jetta fue captado primero en el libramiento Instituto Politécnico, después, avanzó por la pista nueva rumbo a Tlaxcala capital y más tarde apareció en el distribuidor vial El Molinito, con dirección a la carretera Tlaxcala-Apizaco, hasta llegar a Tlaxco.
Entre las 9:56 y las 11:00 horas del 20 de febrero, según el análisis de las grabaciones, el vehículo siguió a una camioneta blanca con placas de Tlaxcala. Para entonces, la desaparición ya había encendido las alertas.
Un día después de que se perdió contacto con ellos, el automóvil fue localizado en territorio tlaxcalteca. Horas más tarde, el sistema C5 reportó el hallazgo de dos cuerpos en un paraje de la comunidad de Rinconada, en el municipio de Chignahuapan, en la franja limítrofe entre Puebla y Tlaxcala.
La confirmación llegó después de las diligencias periciales: eran Karina y Alexandro, quienes presentaban huellas de violencia extrema.
El círculo cercano bajo la lupa
Mientras peritos realizaban dictámenes y se notificaba a la familia, los agentes ministeriales comenzaron a revisar el entorno inmediato de la pareja. Las primeras horas de investigación suelen ser decisivas: quién habló con ellos por última vez, con quién tenían compromisos pendientes, qué negocios estaban en curso.
Un nombre apareció pronto en los registros de comunicación del 19 de febrero: Christian Bautista Navarro.
Conocido en círculos políticos y empresariales como “El Bau”, no era un desconocido para la pareja, al contrario: era socio y amigo cercano de Alexandro Tello, contador de profesión; ambos compartían proyectos y operaciones comerciales.
La relación no era menor, Bautista Navarro había tenido exposición pública años atrás. Diseñador gráfico egresado de la BUAP, fue director de diseño e imagen en el Gobierno del Estado durante la administración de Rafael Moreno Valle.


También creó en 2017 la Galería de Arte Digital para el gobierno panista, fue candidato a regidor en 2021 en fórmula con Jesús Giles en Ocoyucan y figuraba como representante legal de Baubros Producción S.A. de C.V.
Su entorno familiar también tenía vínculos en la administración pública: su hermano, Iván Bautista Navarro, fue secretario en la Auditoría Superior del Estado cuando Francisco Romero Serrano estaba al frente, mientras que su pareja, Constanza, ocupó un cargo en el área de comunicación de la ASE durante el mismo periodo político.
El perfil de Bautista Navarro no encajaba con la imagen clásica de un presunto homicida, pero las investigaciones no se detuvieron en trayectorias públicas.
La posible deuda
Versiones periodísticas señalan que entre Christian y el matrimonio existían tensiones económicas. Se habla de una deuda millonaria derivada de negocios compartidos, aunque la Fiscalía no ha confirmado oficialmente ese móvil, pero la línea financiera se convirtió en un eje central de las indagatorias.
Los investigadores comenzaron a revisar movimientos, contratos, transferencias y dispositivos electrónicos.
El primer cateo se realizó en oficinas vinculadas a Christian N., en la colonia Villa Universitaria, al sur de Puebla. Ahí fueron asegurados equipos de cómputo y documentación que pasó a formar parte de la carpeta de investigación.
Esa misma noche se ejecutó un segundo cateo en un inmueble del fraccionamiento Iskali, en San Bernardino Tlaxcalancingo, municipio de San Andrés Cholula. La propiedad también estaba relacionada con él, pero las autoridades no detallaron públicamente qué fue asegurado.
La conversación
En paralelo, el gobernador Alejandro Armenta sostuvo un encuentro con Emilio Tello, hijo mayor del matrimonio, de 22 años. El mandatario calificó la conversación como determinante para avanzar en el esclarecimiento del caso y aunque no reveló el contenido del diálogo, afirmó que lo expresado por el joven aportó elementos relevantes.
Mientras tanto, la presión pública crecía: la Fiscalía confirmó oficialmente la identidad de los cuerpos y aseguró que no habría impunidad.
La detención
Cinco días después de la desaparición, el 24 de febrero a las 11:58 horas, agentes de la Policía Ministerial de Investigación ubicaron a Christian Bautista Navarro en la colonia Hacienda Castillotla, en la ciudad de Puebla. La detención ocurrió en la calle 11 Sur, entre la 119 y 121 Poniente, frente al Centro de Justicia Penal del Estado.
El Registro Nacional de Detenciones describió al asegurado como un hombre de aproximadamente 1.80 metros, complexión robusta, tez morena, cabello corto negro, quien vestía chamarra negra, pantalón azul y zapatos negros, además de que quedó a disposición de un juez local.
Hasta ahora, la Fiscalía no ha detallado de manera pública la mecánica exacta del doble homicidio ni ha confirmado si existen más personas involucradas, además de que tampoco ha hecho oficial el móvil, aunque la hipótesis financiera sigue presente en la investigación.
Lo que sí es claro es el hilo que condujo a la detención: la revisión de comunicaciones del día de la desaparición, el análisis de videograbaciones y geolocalización del vehículo, los cateos en propiedades vinculadas al sospechoso y la reconstrucción del círculo cercano de las víctimas.
La celebración de cumpleaños nunca ocurrió, en su lugar quedó una ruta digital que llevó de las cámaras de Tlaxcala a un paraje en Chignahuapan y finalmente, a la puerta de un Centro de Justicia en Puebla.









