A pesar de que las tendencias electorales apuntan a que Morena arrase nuevamente en las urnas, hay una serie de factores que convertirán a la elección intermedia de 2027 en un parteaguas en la vida política-electoral del país.
Una parte de este argumento lo explique ampliamente en mi columna “Claves para entender la guerra electoral que se avecina” (https://desdelasilla.com.mx/claves-para-entender-la-guerra-electoral-que-se-avecina/), en la que planteaba que los verdaderos adversarios de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, el gobernador Alejandro Armenta, Morena y la Cuarta Transformación es un conglomerado de intereses nacionales e internacionales que han inyectado millones de dólares para ejecutar lo que se llama un “golpe blando”, es decir, utilizar las redes sociales para sembrar polarización y generar la falsa narrativa de que vivimos en un narco Estado o que la inseguridad reina en el país.
Todos estos esfuerzos pretenden desestabilizar a los gobiernos progresistas no sólo de México sino de todo el mundo. Ya lo consiguieron en Perú, Argentina, Brasil, España o Chile.
Desde La Mañanera del Pueblo, la presidenta de México ha exhibido en diferentes ocasiones el alcance y financiamiento detrás de esos intentos contra su administración. El resultad hasta ahora ha sido fallido, pero eso no le resta lo preocupante.
En Puebla, el gobernador Alejandro Armenta también ha puesto en la mira esa estrategia, a la que denominó un símil del proyecto Ave Azul, elaborado por el PAN en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, con la finalidad de desbarrancar a la oposición o, en su caso, desprestigiar a las administraciones estatales a través de propaganda repleta de mentiras.
Se puede decir que tanto el gobierno federal como el estatal se encuentra prestos a hacer contrapeso a esa lucha o, mínimo, tienen claridad de que es necesario hacerles frente con una estrategia muy bien definida cuyo origen se encuentra en la praxis de gobierno y política.
Sin embargo, en el epicentro del poder nacional y local, así como en la dirigencia de Morena detectaron que el eslabón más débil para guerra que se avecina se encuentra en los municipios. La razón es sencilla: los malos resultados que han ofrecido, su incapacidad para hacer frente a los problemas que heredaron o por su negligencia a entender que la supervivencia del sistema depende de la eficacia.
A esto hay que sumarle el desgaste natural de gobierno, que los bonos democráticos cada vez son más reducidos y que las demandas ciudadanas han llegado al borde de desesperación para exigir resultados inmediatos.
Desde el año, la presidenta nacional de Morena, Luisa María Alcalde, comenzó una gira por todo el país para advertir sobre este riesgo que existe en los municipios, así como la urgente necesidad de corregir las cosas o, por lo menos, orientarlas para evitar que los resultados sean lo menos adversos posibles.
En Puebla ese mismo ejercicio comenzó desde el año pasado.
Contrario a lo que piensa, la revisión del desempeño de las autoridades municipales no inició tras la exhibida que le dio el gobernador Armenta al alcalde bananero de Xicotepec por una obra que apesta corrupción y moches, sino que la revisión va acorde con el timing en la definición de los perfiles que se requieren para la guerra.
La situación se complica aún más debido a la Reforma Electoral impulsada desde la Presidencia de la República y que, entre otras cosas, propone la desaparición de los plurinominales, el recorte en prerrogativas, la refundación del INE y el papel que juegan los partidos satélites de Morena.
El Verde y el Partido del Trabajo están sumamente preocupados porque la reforma implica su evidente extinción. Ambos han sido las principales rémoras del sistema partidista mexicano que no han dudado en apoyar al PRI, al PAN, a Movimiento Ciudadano o a Morena, según sea la tajada o beneficio que obtengan.
Esta preocupación, evidentemente, ha puesto a temblar a los alcaldes emanados de esos partidos bonsái, pues no solo están contra las cuerdas, sino que también enfrentan un dilema mayor: retar o no al poder presidencial que ha dictado la no reelección en los cargos de elección popular.
Por eso no es extraño lo que hace unos días reveló el columnista Ricardo Morales: la decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de colocar como alta prioridad electoral a las 60 ciudades más importantes del país.
Esta maniobra llevada un doble objetivo: Sí se trata de sembrar a las posibles fichas presidenciales que en 2030 compitan por las candidaturas a gobernador en juego, pero también garantizar que esas metrópolis salgan victoriosas en la elección intermedia bajo un esquema cruzado: buenos candidatos (es decir, realmente competitivos) a la alcaldía, a las diputaciones federales y locales donde haya relevo en los Congresos estatales.
La prioridad presidencial nunca estuvo centrada solo en la Cámara de Diputados. Científica cómo es, Sheinbaum Pardo tiene la radiografía exacta de las variables que componen al país, así como sus ramificaciones, de ahí que la lucha se extiende más allá en garantizar la mayoría en San Lázaro.
El objetivo es la consolidación del sistema político mexicano a través del Segundo Piso de la Cuarta Transformación. No se trata de regresar al pasado y emular al priismo, sino de un cambio de régimen total.
La historia reciente de México ha demostrado que el fracaso del PRI y PAN en el gobierno federal estuvo precisamente en buscar solo la mayoría parlamentaria, lo que dio paso a que rémoras como el PT o el Verde ofrecieran sus servicios al mejor postor.
Los huecos que dejaron en todo el país, junto con una serie de factores sociales, políticos y económicos -los mismos que ahora pretenden sembrarse falsamente con el aparato que la ultraderecha ha puesto en marcha en todo el mundo-, terminaron por cobrarles la factura y, por ende, perdieron el poder.
En el intermedio hubo casos inauditos en el foxismo y calderonismo como cuando Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa era los segundos hombres más poderosos del país después del presidente en turno debido justamente la ausencia de una mayoría.
En el Segundo Piso ya no hay cabida para errores de ese tipo. No se trata de ganar por ganar sino de construir bases sólidas en el régimen.
La duda que mata es si en Puebla la clase morenista y sus aliados lo han entendido.
También queda claro que el gobernador Armenta no cerrará las puertas ni limitará la participación electoral de nadie, pero el triunfo dependerá de quien ofrezca competitividad real. Ni más ni menos.
Las reglas del juego han cambiado.
La casa abre las apuestas.
La visita de Armenta a la BUAP
Nuevos aires se respiran en la BUAP y en el segundo periodo de la rectora Lilia Cedilla Ramírez.
*La visita del gobernador*
Alejandro Armenta Mier a la Facultad de Administración de la máxima casa de estudios poblana, con motivo del 67 aniversario de esa unidad académica y recibir la presea a la “Trayectoria Exitosa”, es un primer paso rumbo a la nueva y necesaria relación que debe existir entre ambas instituciones.
El frío de Siberia todavía sopla, pero lo visto ayer es un buen mensaje.
La rectora encabeza un equipo en el que ha impregnado el oficio político, la sensibilidad, la mesura y la responsabilidad.
En la cancha de los operadores y políticos universitarios está que el barco zarpe rumbo a mejores puertos.
Y todo indica que así se será.
La rectora es la almirante de la embarcación educativa más importante del Sur-Sureste del país, quien ha tenido la sensibilidad de rodearse de las mejores mujeres y hombres que la ayuden a transitar el azaroso camino de la política universitaria.
Es por eso que acercamientos como el ocurrido este martes no puede explicarse sin la intervención de Damian Hernández Méndez, secretario General de la BUAP, un hombre por cuyas venas corre oficio político.
En política hay de puentes a puentes.
Unos sirven para los intereses personales y otros, como el puente de oro que han ido construyendo la rectora Lilia Cedillo y Hernández Méndez con el gobierno del estado, solo tienen una finalidad: el bien de Puebla.
La buena política siempre apuesta por el paso a paso, ladrillo por ladrillo.
No tiene cabida para los inexpertos







